lunes, 11 de noviembre de 2019

Microrelato

Hoy será un gran día sin duda. Esta ceremonia será recordada a través de los tiempos, yo,
Erlend de Schleswig, hijo de Grom y Freya, descendiente de la casa de Halfdan, un gran rey, un
gran guerrero recién llegado de la batalla. Mi esposa y mis hijos lloran emocionados mientras
contemplo como me visten con mis mejores galas, mi escudo, mi casco, mi espada.
Mi pueblo entero me honra por hacer lo que mejor se hacer, luchar.
Ya ha anochecido y mi trono está preparado, en mi barco parto hacia mi destino. Se acercan
todos a despedirme cargados de regalos y ofrendas. Mi fiel amigo Kodran lanza la flecha de
honor y todo mi alrededor estalla en llamas.
El mar me mece suave, estoy en paz.
Adiós amigos…
Odín me reclama, nos veremos en el Valhala.

jueves, 12 de septiembre de 2019

¿Y si probamos en Marte?

Llevo yo pensando desde hace un tiempo, qué tal nos iría en este mundo si probamos suerte en Marte.
El proyecto no sería para buscar otro mundo u otros soles, tampoco para buscar otro tipo de energías, más bien lo que yo ando buscando es humanidad, pura y dura.
No es la primera vez que pierdo la fe en el ser humano (y por desgracia sé que no será la última), muchas veces  antes me ha sucedido en diferentes épocas y por diferentes razones  pero quizás ahora le doy más importancia al tema porque llevo conmigo a dos personitas que hacen que me plantee todo más detenidamente.
De sobras sabéis que tengo una buena vida. Lo he repetido innumerables veces y sé que como me dijo hace poco, en otro contexto bien diferente, una buena amiga “ya querrían muchos tu culo como cara”, pues ya querrían muchos (y yo misma) mi propia vida tal como me ha tocado vivirla. Pero ya sabéis que soy, por decirlo amigablemente, un culo inquieto aderezado con una mente más inquieta aun, una toca pelotillas que no consigue estar relajada y en paz mental apenas un segundo y es por eso que mis emociones de base que ya están calentitas siempre, cuando llegan al punto de ebullición forman un boilover en toda regla y me desbordo.
Un motivo importante esta vez de mi desengaño amoroso con la vida está relacionado con el involucrarme mucho en las historias personales de vida de mis pacientes  y vivir tan de cerca sus desgracias y su dolor que han llegado a afectarme hasta el punto de salir llorando de la consulta más a menudo de lo recomendable. Supongo que es inherente a mi profesión y los que nos dedicamos a ello sabemos que esto pasa y no podemos hacer nada para evitarlo por más estrategias mentales que nos inventemos y que hay cosas que nos tocan muy adentro sin remedio. Por contrapartida hay otras cosas que también me tocan mucho, pero los cojones (lo siento no sé decirlo más finamente). Si, señores, me revienta hasta el infinito llevarme broncas (y gordas) de algunos usuarios por banalidades tales como que lo he cogido tarde para pincharse una vitamina mensual porque estaba atendiendo en la sala de al lado una urgencia vital de otro paciente. No puede ser que hoy en día esperemos lo que haga falta en la cola del supermercado, en la peluquería o para entrar al cine y cuando vayamos al médico montemos unos pollos de tres pares de narices por tener que esperar más de la cuenta. Que yo entiendo que nadie de esas personas quiere estar en el centro de salud excepto yo misma que lo elegí como mi modo de vida y que sí, que ya sé que a veces la espera se hace eterna pero, ¿creéis que se arreglará increpando a la persona que después de echarle los lobos encima te va a pasar a su consulta y te va a atender para intentar solucionar tus necesidades sanitarias? ¿Creéis que os estoy cogiendo tarde porque estoy en mi consulta jugando a las cartas o tocándome el higo? ¿No me habéis visto acaso en más de una ocasión correr por el pasillo o pedir un segundo para ir al baño por qué no hay modo de escaparme un momento ni para mear? ¿Creéis que tengo que aguantar esas malas maneras?
Por otro lado y cambiando de hilo, ¿sabéis  la cantidad de personas que acuden a mi consulta con crisis de ansiedad, llorando, sintiendo que se les hunde la vida por el motivo que sea porqué  no son capaces de gestionar esos sentimientos de desesperanza y desasosiego ni siquiera con kilos de antidepresivos o ansiolíticos? ¿No os da por pensar que ante este panorama hay algo que no marcha bien?; nos debemos estar  equivocando en algo y como no consigo encontrar la raíz del problema, el origen verdadero de este despropósito, me sumo yo también a ese pesar sintiendo que el mundo se ha vuelto tóxico y hay de todo menos humanidad.
¿Habéis conseguido alguna vez ver el telenoticias sin terminar llorando? De política ni hablemos porque no hay ni un solo partido, pero es que ni uno solo que me represente en su totalidad, luego están las desgracias humanas y los desastres naturales, los tsunamis, los huracanes, el pequeño Yulen , los cientos de Yulenes  que mueren diariamente en el mar y de los que no hay eco mediático alguno, del papá que murió junto a su bebé intentando cruzar el rio, de las personas que luchan por los derechos humanos como Carola Rackete  y muchos otros y son encarceladas o asesinadas, pederastas, violadores, personas que no pueden amar a quien elijan sin importar su género porqué todavía les apuntan con el dedo por la calle o lo que es peor, con un arma o el filo de un cuchillo, niños sufriendo y pasando hambre, desigualdades sociales y territoriales, luchadores que abandonan su país en busca de un futuro (ni mejor ni más feliz; futuro a secas) y les negamos la entrada a una tierra que presumimos ¿sea nuestra? ¿De verdad nos creemos poseedores del suelo que pisamos? ¿De verdad creemos que las fronteras se crearon para algo más que para separar? ¿Pero qué demonios está pasando? La runner a la que han violado mientras corría por la mañana, la recidiva de una neo a una amiga y el cáncer que le han diagnosticado a otra, el adolescente que se ha suicidado porque no soportaba el bullying, todos estos que  se convierten en uno más porqué son ya tantos que me parece hemos normalizado el tema.
El mazazo más gordo ha sido el fallecimiento de mi suegro Iñaki, del que quizás sabíamos todos que el día no andaba lejos pero nunca hubiéramos pensado que pudiera estar tan cerca, ¿Y qué decir cuando se muere alguien tan cercano? pues que obviamente deja un hueco enorme en el ánimo de todos pero especialmente me duele el hueco que deja en mi marido Josu porque se le va un padre (igual que a sus hermanos Iñaki, Eduardo y Arantza), en mis hijos porque se les va un abuelo y en Elena porque pierde a su compañero de vida. No me olvido de Javier, que pierde a un amigo casi hermano o de su familia de Bilbao. El carisma de Inasito (para bien o para mal) es de aquellos que cruza el tiempo y el espacio y su funeral fue único en el sentido que yo nunca había visto algo tan triste, reconvertirse en algo tan inusualmente confortable. Su despedida fue acorde a su familia, sin dramas, sin histrionismos; no puedo decir que fue la juerga padre porque sería exagerar la realidad pero sí que acabó siendo una reunión de amigos que duró varios días con encuentros, cenas, vino y risas que nos hizo ver a todos cuanto lo quería la gente. A pesar de que todos llevamos aceptablemente bien su estancia en el hospital y toda su despedida, cuando ya todo vuelve a la normalidad, se apagan las luces del escenario público y vuelves a casa, es cuando se confronta la realidad  con la rutina y ahí, amigos, es donde te replanteas toda tu vida: la presencia de tus propios padres, los sueños, los momentos, lo importante, lo verdadero, lo necesario, lo que quieres en tu día a día y lo que no.
Y en ese momento coincidió que yo no quería muchísimas cosas que tenía alrededor de mi cotidianidad, que son precisamente estas que os estoy contando. Momento de flojera mental y encima este golpe del destino, pues flojera mental de campeonato.
 Por otro lado está el asunto de la información o yo más bien diría de la manipulación y la desinformación. No se ya qué periódico creer ni a que noticia dar credibilidad. Me siento ahogada en montañas de datos y no soy capaz de discernir cuales son fiables y verdaderos.
Comprar un champú  donde se anuncia en mayúsculas  LIBRE DE SULFATOS y seguir leyendo, fijarme en los ingredientes y en la primera línea, ingrediente número uno: Sodium coco sulfate.  Si, sulfate. ¿De verdad estáis poniendo libre de sulfatos???????  Y esto es una tontería  (o no) pero yo me pregunto (y ahí es donde se me empieza a ir la cabeza y pensar en conspiraciones gordísimas) ¿en que más nos están engañando vilmente????? ¿Será que de verdad no hemos ido a la luna? ¿Será que debiéramos  considerar seriamente un modo de alimentación diferente para nuestros hijos? ¿Será que los monstruos de las películas no lo son tanto en comparación con la persona que creó  el Burundanga  y en comparación con las que lo usan para  narcotizar a sus víctimas?
Encontrarse con personas conocidas y remarcarte en tu cara lo gorda que te has puesto. ¿Perdón? ¿Me lo estás diciendo porqué tal vez no lo sé  o para que no vaya a ser que se me olvide? No se paran a pensar la historia que puede haber detrás de esos kilos ni la implicación emocional que pueda tener para la susodicha, es decir yo misma. ¿Con que objetivo se dice algo así? Teniendo en cuenta que no fue una anotación con intención de crítica constructiva o por preocupación o incluso por halagar sino más bien todo lo contrario, ahí fue por hacer daño gratuitamente y a eso yo lo llamo crueldad y mala educación.
A mí, amigos y amigas, ante este panorama  lo primero que me viene a la mente es: Me bajo de la vida; de esta vida que hemos creado y está llena de este tipo de maldades y desgracias.
Estoy cansada no, agotada de pasarme el día enfadada con el mundo, con esa eterna insatisfacción constante de sí pero no que además me hace quedar de antisocial, poco amigable y cero empática (como bien me constató alguien a quien quiero y por eso, en parte, empecé a plantearme estas cositas).
Y aquí es cuando me entran ganas de crear un micro mundo, estilo “el Bosque”, ganas de educar a mis hijos de otro modo, con otros valores, con otra mirada estilo “Capitán fantastic”. Dejar de crecer en el consumismo puro (y os lo dice una gastadora nata) y aprender a vivir de otra manera. Que está claro que no voy a cambiar a lo grande mi modus vivendi porque no tengo ni idea de cómo hacerlo, ni apoyo, ni las herramientas necesarias. Que ya sé que lo que anhelo sólo existe en el cine, que no es real y seguramente no funcionaría pero me gusta imaginar que sí podría recrearse en la sociedad actual; tal vez contando con un grupo de soñadores, acaso de inadaptados, quizás de visionarios, probablemente de locos… (Como la que aquí os relata sus locuras)
Y ante este discurso de mecerme en mi desgracia resulta que hace unos días pasé, volviendo del trabajo como cada día, por debajo del balcón de casa de mis padres. Ellos estaban  tomando algo en su terraza con una amiga que había venido a visitarlos y se levantaron los tres a saludarme con la mano al unísono mientras yo les enviaba besos. Eran las 8 de la tarde y brillaba el sol, la temperatura era perfecta y andaba yo camino a casa donde me esperaban mis peques, mi marido y Simba, nuestro gato.
Y en ese momento fui feliz y me di cuenta que tengo absolutamente todo lo que necesito en la vida para serlo.
Otro día siguiendo con esa dinámica de sentirme bien, viene mi jefa y me felicita con dos besos por haber aprobado el examen de oposiciones (a mí y todas mis compañeras) y mira, sin quererlo me chisporrotean los ojillos de emoción y no sé porque.
Será porque el aprobar sin haber abierto un libro me ha causado satisfacción personal y a la vez el haberlo pasado ya, liberación, será porque  he decidido dejar las guardias extras para poder sencillamente estar en la vida de fin de semana y noche  de mi familia, será porque un paciente me ha visto hoy por la calle y me ha llamado por mi nombre, porque vi hace poco a un compañero de mi turno de bomberos de  prácticas, me reconoció y charlamos durante 5 minutos o porqué mi marido me ha escrito hoy un mensaje felicitándome por el pescado que le he dejado preparado para comer. Pudiera ser porqué ayer fui a una revisión médica de mi hijo en el hospital y sentarse en la sala de espera y ver los niños de alrededor con sus vidas y sus circunstancias hacen que pongas en perspectiva tus apreciaciones; será, será, no sé qué ha sido pero lo importante es, que ha sido. Aun soy capaz de ver algún atisbo de humanidad en este planeta, por lo menos entre mis más allegados que al fin y al cabo son los que me importan.
Así que como leí en algún sitio acá voy de nuevo, entera o a pedazos, pero voy;  con la única intención de saber encarar todas esas pequeñeces que me sacan de quicio, al menos, con una sonrisa en la cara.



viernes, 10 de mayo de 2019

Bajarse de la vida

El camino de Santiago me maravilló por diferentes motivos pero  puedo decir que la causa estrella fue que es una de las experiencias más relajantes y enriquecedoras que he vivido; y más teniendo en cuenta que la primera noche al llegar al albergue de Ponferrada me eché a llorar como una tonta pensando que iban a ser las peores vacaciones de mi vida. Pero después de eso resultó fantástico a pesar del frio, el dolor absoluto de huesos y el cansancio. Hoy, 10 años después sigo preguntándome el porqué de ese sentimiento de perfección en relación a esos días siendo que lo único que hice, fue caminar.
Y creo que he encontrado la respuesta a mi pregunta. Hace casi un año mi marido y yo hicimos una mini escapada de dos noches a un pequeño hotelito rural en Lliçà d’Amunt. El sitio se llama Can Caponet y me lo recomendó mi amiga Sandra, que me conoce bien y a menudo sabe exactamente lo que necesito incluso mucho mejor que yo misma. Rectifico: no lo sabe a menudo. Lo sabe siempre.
Pues bien Can Caponet fue un remanso de paz y calma mental como no recordaba otro igual de intenso desde aquella caminata leoneso-gallega. ¿Y cuál es la clave? Pues que no tuve que tomar ninguna decisión, es decir, en el camino simplemente tenía que seguir la flecha amarilla y caminar. No debía pensar ni qué, ni donde, ni cuando, sólo seguir el camino y pararme al llegar; y al día siguiente lo mismo. En Can Caponet estaba incluida la cena y es un sitio donde no hay menú. Al llegar te preguntan alergias y preferencias y nosotros dijimos que ninguna alergia y que ninguna preferencia. Libertad  absoluta de lo que nos quisieran ofrecer. Así que la cena fue sorpresa por completo, no tuve que decidir nada; tanto es que para el postre me dieron dos opciones a elegir y me molestó tener que hacerlo porqué le había cogido el gusto a lo de no decidir.
Estoy en un momento en el que estoy muy del rollo “me bajo de la vida”. Estoy muy saturada de mi entorno laboral por diversas razones (que no vienen ahora a cuento del todo pero que ya iré desgranando poco a poco) y una es precisamente por  la necesidad de tomar decisiones, de unos 20 pacientes que veo al día de media, se generan mínimo el mismo número de  decisiones. Aparte las decisiones de mi vida privada y las que incumben a mi familia más cercana. Lo sé, lo sé, lo sé, así es la vida y eso significa ser adulto. Lo sé.
Y es que estoy en un plan que verdaderamente la mejor vida que se me antoja sería meterme a monja. ¿Sabéis? Aquello de no pensar qué ropa ponerme, no preocuparme del pelo porque lo llevo tapado, no preocuparme de mi aspecto físico porque estoy semi recluida del mundo y no estoy para ligar ni para que me vean guapa, dedicarme a hacer pastelitos (y a comérmelos), tener las obligaciones definidas y vivir en un remanso de paz y calma, a ratos hasta hacer voto de silencio (porque a menudo me pasa que me canso hasta de oírme a mí misma y a mis historias). Un poco como desaparecer del mapa, o por lo menos desaparecer de la portada de la revista durante una temporada. Quedarme detrás de las cámaras, en un despacho cerrado sin interactuar excesivamente con el mundo exterior.
Ahora que esta tan de moda todo este tema de los blogs, de las mini historietas en video de instagram, Facebook, los influencers etc….y yo, al revés, siento que necesito huir de todo esto. Me canso sólo de pensar en lo guay que tiene que ser toda esta gente cada día y la tensión de mantener el nivel de fascinación en ellos mismos a lo largo del tiempo (que por contrapartida soy consciente que estoy haciendo una demagògia barata puesto que precisamente yo publico las columnas de este blog en esos formatos). El tema es que me abruma mentalmente este afán por demostrar ser mejor que los demás. Supongo que este sentimiento viene también porque he tenido que hacer en los últimos años diversos exámenes, reacreditaciones  y pruebas a nivel físico e intelectual que han hecho que me rebose el vaso de esto mismo que os digo, de tener que demostrar, ponderar o validar lo buena que soy o debería ser en esto o aquello. Me agota. No quiero examinarme más (léase de heteroexamen y tampoco de autoexamen que son casi peores que los otros) y os lo dice una que en dos días, literalmente, tiene el examen de oposiciones para el que obviamente a raíz de esta apatía que me acompaña, no ha estudiado.
Con el momento de las redes sociales me viene a la mente un domingo de barbacoa en el campo celebrando el cumpleaños de unos amigos. Entre los asistentes hubo una pareja de conocidos que vinieron también con sus peques.En general fue un día muy agradable, excepto para ellos. Estuvieron todo el día apartados del resto del grupo, sus niños no interaccionaron en ningún momento con el resto, ni participaron de las actividades que se iban generando; por decir más, durante la comida estábamos todos juntos en 2 mesas largas, excepto ellos 4, que se sentaron en una tercera mesa aparte. Hasta ahí bien, cada uno que se divierta a su modo. Mi sorpresa fue al llegar a casa, miro en Instagram y veo que han publicado un collage de fotos (que ni se en que momento hicieron) que muestran un día absolutamente contrario al real. En esas fotos parecía que para ellos había sido la bomba de diversión, integrados completamente en el grupo, cosa que era falsa.
Ese día, y es triste reconocerlo, aprendí que un alto porcentaje de lo que se publica en las redes sociales está apañando, manipulado o mejorado. Que ya sabía que así era pero no me imaginaba que así fuera también para gente de verdad, cercana a mí y de mi entorno habitual.
Podría ser también, cosa que me he planteado, que su idea de diversión difiera tanto de la mía que lo que para mí es separatismo e introspección para ellos sea la juerga padre. Podría ser, lo admito.
Así que en este afán de paz he descubierto el concepto del minimalismo y estoy intentando ponerlo en práctica a nivel mental y físico. No voy a dejar de comprar las cosas que necesite o me gusten, no estoy hablando de un minimalismo consumista porque me gusta gastar y tener cosas; sino más bien una limpieza de espacios y emociones que me aporten la ansiada calma.
Automatizar algunas decisiones para no tener que pensar tanto, que dicho así suena fatal pero es que verdaderamente estoy desbordada por hiperdecisionar. Como cuando vas a comprar un champú. ¿Habéis visto cuantos hay??? Millones. Uno para pelo graso, otro con vitaminas, otro para rizos, con sulfatos, sin siliconas. Me abruma tener tantas opciones. Leyendo sobre educación vi que a los niños a ciertas edades no conviene darles a elegir entre muchas alternativas porque se aturullan; pues conmigo lo mismo. Dos como mucho. Blanco o negro. Va por Dios, un simple champú que lave y punto. La vida en estos aspectos vánales debería, para mi gusto, ser más simple.
He notado que me pasa también lo mismo últimamente con elegir casas rurales o restaurante, me da igual el que sea, me adapto al gusto de la mayoría, cosa que tampoco es recomendable porque a mi precisamente me gustan la gente con decisión y yo no quiero convertirme en una persona desdibujada o indefinida. Me daré por tanto unas vacaciones mentales donde reine la neutralidad que supongo me cargarán las pilas para encarrilarme de nuevo y quitarme de encima este desasosiego que arrastro que seguro que está muy determinado por la falta de proyectos laborales que me motiven.
A día de hoy mi mayor satisfacción cotidiana en cuanto a quehaceres personales radica en cocinar, coser, desapelotonar espacios de mi casa para hacerla más agradable a mi recién estrenada vista minimalista y dibujar. Tampoco está tan mal diría yo.
Así pues, hermanas de la caridad, siervas del espíritu santo, aunque debo reconocer que vuestro plan de vida se me antoja lleno de paz, estoy segura que no sería una buena candidata para mantenerlo a lo largo de los años y quizás tengo una opinión de las congregaciones religiosas femeninas un tanto sesgada a causa del magnífico convento en el que cayó Deloris Van Cartier y me huele a mí que no andan por ahí los tiros en la realidad.
¿Veis?  Ya me estoy curando; he conseguido decidir, sin agobiarme, que monja va a ser que no de momento.





jueves, 21 de febrero de 2019

1+1 = ...

Debo estar hecha de carne y beso, o tal vez de carne y sueño;  ¿de carne y cielo quizás?, de todo menos de carne y hueso, estoy convencida, y el motivo es que cuando estoy en paz, relajada conmigo misma y en momento cerebro de vacaciones, cualquier chuminada me saca de mi estado y me eleva a las nubes a plantearme lo que sea y suele pasarme, a menudo, que los detalles más tontos me desvelan las verdades más absolutas y me maravillo de hacerme consciente de grandes cuestiones metafísicas sin entender  cómo no había sido capaz de darme cuenta de ello hasta este momento, aunque lo más seguro y habitual en mi es que al de pocos meses vuelva a desquitarme de esa revelación maravillosa y vuelva a mis opiniones anteriores. Pero es que estoy en permanente conflicto mental entre la exclusividad en el amor y la nueva idea que hace tiempo ya, anda germinando en mi mente respecto al amor (o no), que no definiría precisamente como inclusivo pero por lo menos diría no exclusivo. Vamos, superpajarraca de las buenas. Y el tema es que no consigo decidir con que opción me siento más identificada.
Así me ha pasado con “el Embarcadero”, la serie de Movistar. No es que quiera spoilearos la historia pero es que si no cuento algún rasgo general de la trama, no tendrá ningún sentido esta columna. Quien avisa no es traidor.

Hombre felizmente casado, muy enamorado de su esposa conoce mujer y se enamora de ella también locamente. Fácil, muy a la orden del día seguramente. Lo que a mí me pudo chirriar al principio es el detalle de que el hombre es feliz y está enamorado de su esposa porque aunque yo ya sé desde hace mucho tiempo que una cosa no quita la otra, es decir, estar muy enamorado no excluye el apetito  por un coqueteo externo, en mi ideal de matrimonio, no se deberían necesitar actividades extramatrimoniales si se está al 100% bien con tu pareja.

Pues bien, él se enamora de Verónica. Y cómo no iba a enamorarse de ella si hasta yo lo he hecho. Y me he enamorado de ella y de cómo ella ve y entiende la vida y el amor. Y me he dado cuenta señoras y señores, cuan absolutamente equivocada estoy en mi concepto de amor y qué mal estoy amando.
Me explicaré. Si me preguntan cuál es el amor más verdadero y puro que conozco, el AMOR en mayúsculas, el de no querer nada a cambio, el de sólo vivir y morir por la felicidad del otro, lo tengo facilísimo y clarísimo: el amor que siento por mis hijos.
Es un tipo de amor, como ya he dicho, de por ellos muero y mato, de contra más amor reciban venga de donde venga mejor y de sea lo que sea que les aporte felicidad ahí estaré yo para intentar ofrecérselo. Es decir, quiero que les quieran, cuanta más gente mejor. Provenga de donde provenga el amor lo quiero para ellos, no hay celos, no hay posesividad ni exclusividad.

¿Entonces qué pasa con el amor que siento por mi pareja? En ese amor existen celos, posesividad y exclusividad; estas tres características con cierta connotación negativa y muchas otras por el estilo. Me cuesta mucho asimilar, a pesar que he barajado la idea de pareja abierta, que él pueda sentir cualquier cosa relacionada con el amor, la atracción o el deseo con una mujer que no sea yo. ¿Es por tanto este un tipo de amor equivocado? ¿Estoy amando mal? ¿Estoy errando estrepitosamente definiendo este sentimiento como AMOR, siendo que dista tanto de la definición que yo misma he creado de lo que para mí es el amor verdadero? Y es que yo entiendo que una cosa es amor y la otra sexo; que una cosa es tu compañero de vida, con proyectos en común, la persona con la que quieres envejecer y la que quieres que esté siempre al volver a casa y la otra es una noche de sentirte diferente, de un punto de locura, de ser sólo tú por unas horas etc.También entiendo que cada extremo de la cuerda (el extremo del amor incondicional y el extremo del sexo por disfrute) puede ir aderezado con amistad, posesividad, complicidad, intimidad, cercanía, cariño, eternidad o fugacidad y que los sentimientos son muchas mezclas de definiciones y incluso que el mismo concepto en una persona u otra o en una circunstancia u otra, pueden despertar emociones muy distintas.

Ralph Waldo Emerson dijo:”La madurez es la edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”; pues puedo decir que a día de hoy y según esta definición, me siento madura porque ya no me creo mis propias trampas de película romántica de cuento de hadas, para mi propia vida yo creo en los cuentos pero no en los fantásticos, sino en los cotidianos, en este tema me gusta más basarme en historias costumbristas, de las de día tras día, donde hay niños que lloran, lavadoras, broncas en el trabajo y nervios porque no nos llega el dinero a final de mes. De adolescente me encantaban las historias de chico conoce a chica y toda la trama hasta decidir quedar juntos, el primer beso, la primera cita etc. Ahora estas historias me parecen fáciles, sin complicación alguna; me parece la parte sencilla del argumento y me identifico más con el otro tipo de cuentos, los de relaciones largas. Esa es la parte difícil del guión. Y es que siempre he pensado que cuando buscamos algo fuera de casa, lo que buscamos es la novedad, el sentir la ebullición de la sangre ante el primer roce, el sentirnos fantásticos porque el otro sólo ve en nosotros las cosas buenas que le hemos mostrado (porque no ha habido situaciones para enseñar aun nuestra cara norte y aunque se hubieran generado esas situaciones seguramente no las mostraríamos al 100% porque tampoco nos va la vida en ello, o quizás si, tal vez nos mostraríamos con toda nuestra gélida cara norte porque por el contrario no nos importaría lo que pensaran de nosotros); Pero en definitiva lo que buscamos es sentirnos especiales. Y ahí es cuando surge esa bromita de “Sabes que es el indicado cuando se te olvida todo, hasta tu marido”. ¿Y cómo no se te va a olvidar tu pareja habitual? Pues, blanco y en botella. Es como cuando te vas de vacaciones a Menorca, puestas de sol, mojitos, playa, sin horarios… ¿no te olvidas de tu vida laboral mundana y cotidiana? Pues yo creo que lo mismo debe pasar con un amante o con un amigo especial. Todo es bonito porque nada es comparable con unas vacaciones en Menorca y cuando se está en modo amante vives de vacaciones. Pues eso, que estreno mi madurez no dejándome engañar por esas vacaciones.
Pero es que estoy liándome y no estoy expresando bien lo que quiero transmitir.

Entiendo la situación de que pueda surgir la ocasión de un desliz
Entiendo la situación de que pueda surgir la ocasión de un desliz estando felizmente emparejado
Entiendo pactar un tipo de relación abierta, puedo entender tener de vez en cuando un desliz, comerse una madalena de chocolate de vez en cuando y volver a tu desayuno habitual. Entiendo que puede apetecer un kit kat que te reinicie la vida y las ilusione.
Entiendo sobretodo las ganas de sentirse especial y de no perderse nada que pueda hacerte experimentar sensaciones nuevas o emociones olvidadas. Aquello de la vida son dos días y el porqué tendría yo que perderme este arrebato de embriagadez.
Y entiendo, mal que me sepa, que estamos obviando cualquier atisbo de moralidad, ética y confianza.

Lo entiendo todo y no juzgo nada porque ya aprendí hace tiempo que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y os aseguro que no voy a ser yo.

Y ahí es donde llego siempre al mismo punto, que entiendo tantas cosas que al final no comprendo nada  y es que este es un tema en el que, por lo complicado de las relaciones, por la infinidad de percepciones y sentimientos que tiene cada individuo y por la implicación tan intima y personal que conllevan estos asuntos , por más que, desde el punto de vista teórico, me encanta la jugada de una relación abierta, el poliamor o cualquiera de estas nuevas definiciones que promulgan un modo de amar más sincero con nuestra esencia, sospecho que no sabría  llevarlo en mi relación al modo práctico, asi que mejor espero a la próxima temporada de "el embarcadero", a ver si los guionistas me sacan de este embrollo mental.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Reir y Reñir


Me encantan los posts de mamás y papás adorables que promulgan la posibilidad de una vida diferente. Esos gurús del bienestar mental que aseguran una rutina diaria sin prisas ni gritos, en la que siempre mantienen la calma y viven con una sonrisa permanente en la cara y donde a menudo sus hijos son ángeles personificados.

Ciertamente cuando pienso en eso me vienen a la mente anuncios de compresas donde las mujeres durante la menstruación viven en una nube vistiendo pantalones blancos y se pasan el día bailando, sonriendo y oliendo a flores, en definitiva, una mentira. Maravillosa pero mentira al fin y al cabo.
Pues lo mismo me pasa con el mundo idílico al que todos queremos llegar cuando tenemos hijos. 

Desde el segundo cero de la existencia de mi hijo mayor me di cuenta que en lo que respecta a hijos y a educar, no hacemos ni lo que debemos ni lo que queremos, hacemos lo que podemos.
Mi hijo cada día por las mañanas para ir al colegio me dice que no tiene 50 manos, que una cosa detrás de otra y que no lo atosigue con mil ordenes a la vez. Lo de – “Jon cariño, cara, dientes, mochila y desayuno “no le va. Mi hija también me refunfuña cuando le pongo los zapatos aprovechando que está sentada en la taza del wáter o le desenredo el pelo al mismo tiempo que se lava los dientes. Y eso que tengo la gran suerte de tener unos hijos muy autosuficientes; no considero que me pueda quejar en nada de lo que conlleva mi maternidad porqué ciertamente tengo mucha ayuda por parte de mi familia y por parte de mis propios hijos. No hablo ya del padre de mis hijos que no me ayuda en nada, porque como todos sabemos los padres no ayudan sino que son el otro pilar fundamental junto con las madres y ser dos, implicados  al 100% es un alto nivel  de calidad de vida. Así pues tengo la suerte de tener niños sanos (que es fundamental) y autónomos en los roles que les toca por edad, pero a su ritmo, ese es el quid de la cuestión; yo soy más de mi propio ritmo, estilo militar, rutina en mano, silbato a lo poli de guardería y no tanto de flower power acariciando nubes de camino al colegio. Pero ojo cuidado que yo no soy precisamente de las de primero el deber, no soy histérica de la limpieza y tranquilamente me voy a sentar en el sofá a descansar lo que haga falta, pero con un cierto orden. Después de repente me dan los cinco minutos y monto en cólera porque quiero que todo este ordenado o que todos los integrantes de mi casa vayan a mi mismo ritmo. Y eso es lo que siento que tengo que cambiar

Y es que claro que podría levantarme dos horas antes para ir con mucha calma pero entonces tendría sueño y mis hijos también tendrían más sueño y llorarían y volveríamos al mismo punto. Y claro que puedo jugar con ellos en lugar de limpiar pero eso lo hago un día o tal vez dos y al final tengo que acabar limpiando mas y acostándome más tarde para hacer lo que no he podido hacer mientras jugaba, con lo que sigo teniendo sueño al día siguiente y como estoy cansada les grito más y tengo menos paciencia y eso señores, es muerte por mal rollo.
Y podría dejarlo todo e irme a Costa Rica a pasear por la playa, prescindir del materialismo y vivir de lo que pesquemos, beber agua de coco, dejar que crezcan con otros valores y prioridades y vivir la vida. Esa opción me gusta, Diossss cómo me gusta. Esa opción me ronda por la cabeza cada año, unas dos o tres veces mínimo, y siento que podría funcionar de verdad, pero esa pajarraca es muy gorda y se merece una columna propia, así que en otra ocasión.

El tema es que estoy aquí y tengo mi vida, de momento, aquí montada. Me gusta el sitio y me gusta nuestro estilo de vida en general. Y entonces es cuando viene mi compañera de trabajo y  amiga Sonia (amiga de esas que te dice las cosas a bocajarro y te pega un zarandeo de no te menees y te pone en perspectiva tu tontería, tu problema  y tu vida entera) y me cuenta cómo lloraba al hablar con una amiga suya sobre un libro que pone en entredicho la manera de educar a nuestros hijos. Y me cuenta su manera y veo que es muy similar a mi manera y entonces  me cuenta la manera del libro y las dos lloramos y caemos en la cuenta que (por no cambiar de palabra) hay o debería haber otras maneras posibles. Y yo me la sé, yo me sé la teoría al pie de la letra y sé todo eso del tiempo de calidad, eso de que cuando sean mayores no recordarán la ropa limpia sino los ratos juntos en familia y ahí es donde vuelve a surgirme el eterno dilema del hasta dónde tirar, porque claro que hoy puedo cocinar o limpiar menos y sentarme a jugar con ellos pero es lo mismo que cuando uno está a dieta y dice que por un bomboncito hoy no pasa nada que es el cumpleaños de Núria, pero es que mañana se cambia Sandra de trabajo y trae pastas y pasado Gabi nos agradece una conversación tipo terapia grupal y nos invita a croissants y al otro Clara decide traer una carrot cake de su termomix y oye yo no sé qué pasa que cada día se celebra algo en mi trabajo. ¿Entendéis a lo que voy? Si vamos sumando muchos “por un poquito que me salte la dieta no pasa nada” al final acabamos en “todito al culito y tengo que venir a trabajar con los calzoncillos de mi marido porque no tengo ni unas bragas limpias “; pero oye que no tengo bragas limpias porque he disfrutado cada día del mundo de un tiempo de supercalidad con mis hijos. ¿Qué haya una montaña de ropa por doblar pero sea a causa de pasar tiempo con los peques y no sea por estar tumbada en el sofá relajada me exime de la responsabilidad? Diré más, ¿estar tumbada en el sofá relajada yo sola cuenta como mal y  estar tumbada en el sofá mientras mi hija me peina porque estamos jugando a salón de belleza cuenta como bien? ¿Si añado a mi hijo a masajearme los pies porque obviamente él también quiere participar del salón de belleza cuenta como explotación infantil? Y si cuando llega mi marido de trabajar no tengo la cena hecha y le toca ponerse un tanga mío porque no hay ropa interior suya limpia pero el motivo ha sido estar con nuestros hijos disfrutando del momento ¿cuenta como buenamadre aunque malaesposa?

Y ahí tenemos el eterno comodín para todos los conflictos del planeta. El truco y lo importante es buscar el equilibrio. Ese dichoso equilibrio que a mí me cuesta tanto encontrar porque nunca se definir sus límites ni nunca se fijar la frontera entre mantenerme en él o cruzarlo tres pueblos.
Así que tengo claro cuál es el camino a seguir. Lo correcto para mí y lo que quiero hacer es pasar el máximo  tiempo con mis niños, sea jugando en el parque, sea haciéndonos carantoñas en el sofá, haciendo deberes o  invitándoles a participar en las tareas caseras diarias. No puedo sectorizar mi vida de tal manera que tenga exclusividad de momentos por temáticas así que en la medida de lo posible voy a incluirlos en todo lo que crea va a generarles calidez familiar, sin que por ello tengamos que vivir en una juerga constante o en una desidia organizativa total. 
Quiero mostrarles la realidad y la cotidianidad como es, con el único anhelo que en sus recuerdos prevalezca que su hogar fue un hogar de verdad tanto para lo divertido como para lo necesario y para que  aprendan que la cena no se hace sola, que la ropa no va caminando al armario y que la nevera no se llena por arte de magia, pero sobretodo lo que más quiero que aprendan es que el amor, la complicidad, el estar ahí para lo que sea y el sentimiento de pertenencia se forjan a fuego lento y que ese es el único y verdadero significado de lo que para nuestra familia, significa familia. En "Love story" decían que amor significa no tener que decir nunca lo siento; siempre he estado muy en desacuerdo con esa definición. Para mí el amor significa ESTAR y como coletilla añadiré que es también poder decir y expresar cómo somos realmente por dentro  y aun pudiendo no estar de acuerdo con el otro, seguir ESTANDO.

Con todo esto sólo espero que cuando tenga que ponerme ropa interior de mi marido, no sea porque no queden bragas limpias en casa, sino sólo y especialmente cuando a mí me apetezca.




domingo, 20 de enero de 2019

And the Oscar goes to...

No puedo soportar una vida de encefalograma plano, necesito emoción, vehemencia. Necesito pasión, vuelcos de corazón y tsunamis en el estomago. Es por eso que soy muy fan de las películas de cine, me definiría, entonces, como….  peliculera (que como dice mi padre, no significa tener pelos en el culo)
El tema de ver muchas películas es que después mi imaginación va a mil y todo lo relaciono con el cine. Vivo en una especie de circulo vicioso en el que interrelaciono cine-música-comida-olores y que se yo qué más y no puedo evitar otorgar a situaciones cotidianas, finales de película.
Creer que, en aquella ocasión en la que nos fuimos de camping a la sierra de Cuenca y tuvimos que dormir en el coche con la calefacción puesta, se podría generar un suicidio colectivo y por más que mi marido me aseguró que para que pasara eso había que poner el tubo de escape dentro de la cabina del coche y cerrar las ventanas a mi me dio tan mala espina que desestimé la calefacción y opté por el calor corporal que resulta menos peligroso; o tal vez no…)
Imaginar la historia de aquella pareja de ancianos que vinieron los dos a sacarse sangre para una analítica. Cada uno se sentó en un box. El señor llevaba tatuada en el brazo una preciosa pin up con el nombre de Sheila. Inmediatamente eché un ojo a la petición de analítica de su esposa para descubrir que se llamaba Mª del Pilar. Uy,uy,uy, qué historión se formuló de repente en mi mente!  Obviamente él de joven debía ser marino, de los de puerto en puerto, y en uno de sus viajes conoció a Sheila. Fue cuando estuvo destinado a Pearl Harbor y fue un amor apasionado y desgarrador porque ella estaba casada y él tuvo que partir hacia su siguiente destino. Su última noche juntos, viendo ponerse el sol desde la Bahía de Hanauma, poco después de hacerse el tatuaje, se juraron amor eterno entre besos y lágrimas. ¿Qué creéis que se tarda en hacer una extracción de sangre? ¿2- 3 minutos? Cómo hubiera deseado tener que llenar algún tubo más para continuar con mi historia, y qué preciosidad de historia!, cómo me miraba el señor cuando al salir le susurré al oído…tranquilo, seguro que Sheila te sigue queriendo….:)
Rediseñar mi  tranquila ruta de trekking por el perito Moreno y convertirla en una caída a través de una inmensa grieta, caer mal y que mi compañero tenga que colocarme un dedo de la mano fracturado, perder el piolet, escondernos en una cueva natural para pasar la noche mientras esperamos a los equipos de rescate que llegan en helicóptero y tener el complicado dilema de decidir si al final de la historia el amor nace con mi compi de glaciar que es tipo Chris O’donell en Limite vertical o con el rescatador del GRAE / HEMS que me coge en brazos y me sube al helicóptero que es tipo Tom Cruise en Top Gun …:)

Sumergirme de pronto, mientras voy de paquete en la BMW en la freaky y ochentera película de motos de Vanilla Ice, “Frio como el hielo” y imaginar pararme en un polígono y charlar subida en la moto mientras él acaricia mi pelo y al sentir un bache bajo mis pies, que hace que reaccione de mi letargo me adentro entonces en Long Way Round con mi Ewan McGregor y me veo recorriendo, está vez conduciendo yo obviamente, las antiguas carreteras rusas llena de barro, con frio y hambre. Llegamos a nuestro refugio, siempre con chimenea  y me tranformo en ella, siempre ella. La baronesa Blixen  de memorias de África y relato un bello cuento mientras tomamos una taza de caldo caliente junto al fuego. A la mañana siguiente de vuelta a la ruta me sorprende una concentración de globos aerostáticos sobrevolando nuestras cabezas y miro hacia arriba y no puedo hacer más que sonreír, maravillada ante tal preciosidad de arco iris volantes y abro mis brazos y me siento libre y respiro.
Misma libertad que cuando intento hacer surf con mi familia y no consigo más que semilevantarme en la tabla una o dos veces, pero a pesar de ello, noto la velocidad con la que me arrastra la marea y un sentimiento de felicidad me invade, al constatar la inmensidad del océano en contraposición con mi insignificancia que consigue abrumarme y a la vez bendecirme por ello. Y veo a los surfistas y me meto de lleno en “le llaman Bodhy” y me imagino en su mundo y no os podéis imaginar cómo disfruto de pertenecer a él aunque sea durante los 5 minutos que tarda la ola en hacerme salir de mi historia para devolverme a la realidad.
Y no necesito más porque en esos minutos me siento plenamente feliz y vuelvo a creer en los cuentos de hadas y como en el cine, siento que todo es posible. Algunos piensan que eso es una actitud infantil y que me perjudica en mí día a día, yo, no me lo planteo, sólo lo disfruto y aunque sea sólo por unos instantes y sepa que esas sensaciones tienen fecha de caducidad, os diré como dijo Frida: no me hagas caso, soy de otro planeta. Todavía veo horizontes donde tú sólo dibujas límites.
Así que dejadme ver horizontes, dejadme imaginar, dejadme recrear escenas de películas, porqué durante esos espacios de tiempo la magia del cine me hace pensar que todo es posible y eso amigos, es un sentimiento extraño y maravilloso que vale la pena custodiar.