jueves, 23 de abril de 2020

El cuento de los zapatos viejos


N
o dejo de pensar en un par de zapatos preciosos que compré hace unos años y que llevé felizmente durante mucho tiempo. De repente hace unos meses se rompieron un poquito y me los dejé de poner, quizás hasta los veía ya pasados de moda y al final se han quedado desterrados en el zapatero para después de una temporada, acabar tirándolos.

Pero ¿y si  en lugar de tirarlos, hubiera puesto un poco de interés en repararlos? si a esos zapatos viejos les hubiera dado una capa de tinte de otro color vistoso, les hubiera cambiado los cordones o  les hubiera pulido las manchas del tacón ¿No creéis que hubiera podido seguir disfrutando de ellos?
Esta misma situación es justo lo que creo que pasa últimamente con las relaciones de pareja, que estamos entrando en una dinámica social en la que cuando algo se rompe o se envejece lo tiramos en lugar de intentar repararlo.

Cuando en una relación falla el entendimiento y la comunicación supongo que lo primero que pensamos es que ya nunca se podrá recuperar ese canal y vemos a mal todo lo que el otro hace hasta el punto que cuando uno dice buenos días, el otro contesta ¿Buenos días? Pues será para ti, porque blablablá, pero ¿y si consiguiéramos cambiar el punto de vista desde el que vemos las cosas? ¿Qué connotaciones diferentes pueden tener las palabras o los hechos para cada persona?
Os voy a poner un ejemplo que es tan tonto como clarificador. Para mí, vaca es un animal mamífero que da leche y la visualizo blanca con manchas negras. Si me llaman vaca, lo recibo como un insulto porque lo relaciono con gordura y para mí, la gordura en mi misma no es bonita.
Pero si les preguntas a mis hijos seguramente te contaran que vaca es un animal tierno y entrañable de color lila como la de Milka y que además es risueño y gracioso porque espanta moscas con el rabo, tolón, tolón.

Así, su percepción dista muchísimo de la mía, ¿no creéis? Si un adulto por tanto, me llama vaca seguramente querré escupirle en la cara pero si me lo llaman mis hijos les abrazaré y me pasearé por el salón a cuatro patas cantando el tolón, tolón y entonando “la vaquita Cristina que viene y va, un vasito de leche os traerá!”

¿Cómo puede ser que la misma palabra pueda generar dos situaciones completamente opuestas? Y ahí es adónde voy, a lo de garantizar que alguien me está diciendo lo que sea con ánimo de ofender o de hacer daño ¿Y si pudiera dar por sentado que cualquier persona en general (excepto 4 amargados de la vida que corren por el mundo) va con la intención de mis hijos al llamarme vaca y no con la intención con la que yo lo tomaría? ¿Y si presuponemos que las cosas no se dicen o se hacen con mala intención? Si así fuera, ¿tantos y tantos posibles malentendidos dejarían de serlo tal vez?
Al fin y al cabo no se puede pretender que todo el mundo se comunique o entone una frase o demuestre sus sentimientos de la misma manera en que uno lo hace y como he dicho en anteriores ocasiones, pienso que pasa lo mismo con el modo de amar individual y por tanto, que tampoco amen a la manera de uno no significa que no lo hagan con todo su ser.

Del mismo modo si alguien me cuenta que su modo de airearse y liberar su mente es metiéndose 2 rayas de cocaína, pues para mi será algo disonante (que no enjuiciado o censurado) en mi modo de vida pero si otra persona me dice que se libera saliendo a bailar, ordenando armarios o empezando un proyecto nuevo, ya lo sentiré más en mi onda vibratoria.

Y es que, Srta. Cristina usted no debe juzgar a la gente sólo porque pecan de una forma diferente a la suya. Y usted, que ya no es señorita sino señora, a sus años debiera saber que pecar pecamos todos y que no está el horno propio tan limpio como para juzgar los bollos ajenos.
Con todo esto quiero decir que ni para considerar el modo de amar, ni el modo de pecar, ni el tono de lo que decimos ninguno de nosotros estamos en disposición de tirar la primera piedra. Primero porque cada uno es libre de hacerlo como le plazca y segundo porque nunca tendremos todos los datos y rellenaremos los huecos inventando o suponiendo, por lo que mi auto consejo del día, incluso podría decir que de mi vida entera es: Por salud mental, CRIS, NO SUPONGAS.

Así que la semana pasada en un momento de reflexión sobre todo esto, empecé a darle vueltas a las relaciones de pareja, cómo es la mía, como me gustaría que fuera, etc.
En anteriores columnas he hablado sobre las parejas abiertas, el amor libre etc. pero en este momento quiero recapacitar sobre la otra cara de la moneda, la de quiero pasar el resto de mis sonrisas contigo, de arreglar, de pertenecer, de escuchar e intentar entender desde el corazón, de saber  de verdad, dónde está tu hogar y de construir juntos nuestro micro mundo.

No sé del todo que despertó ese sentimiento, creo que fue una mezcla de situaciones varias; primero vi una pareja de ancianitos que vinieron a mi consulta. Iban muy elegantes, muy pulidos y tenían una educación y un respeto mutuo y con el mundo absolutamente refinado y encantador. Se miraban entre ellos y se veía en cada arruga de su piel los mil caminos de una vida en común.
Emanaban amor y respeto por todos sus poros y aunque yo soy muy fan desde hace tiempo de este tipo de parejas de ancianos, ese día me encandiló especialmente ese sentimiento.
Añoré entonces este tipo de amor que para mí es a la antigua, de cortejar, de respetar, de bailes lentos mirándose a los ojos, de tener ante todo ganas de cuidar al otro, de sinceridad y complicidad, de ser tu ying y su yang, de saber que no hay otra aventura mejor que la de querer envejecer junto a esa persona.

Y en mitad de toda esta disertación aparece la pandemia y veo la realidad en primera fila y veo familias enteras separadas y destruidas, y  todo cobra sentido y a la vez nada lo cobra; me doy cuenta con renovada virulencia de la fugacidad de nuestra vida a la vez que del tiempo que tenemos y no aprovechamos y se me revuelve cuerpo y mente, y me vuelven viejas sensaciones de no querer perderme nuevas emociones y tampoco nada de lo que tengo por mi vida cotidiana, pero como os decía en la anterior columna, del covid19 y de lo que está significando para mí, supongo que hablaré en otra ocasión, cuando me surja, cuando consiga digerirlo y plasmarlo en papel; por lo que seguiré con  mi pareja de ancianitos enamorados y continuaré con una historia de la serie “Citas” que he retomado recientemente; Una pareja decide contratar a un hombre para hacer un trio. Todo bien, nuevo, sugerente y de ahí los acontecimientos que se generan entre ellos. Uno de esos acontecimientos fue la magnifica conversación que se  generó con Josu, mi marido: la pregunta clave que él propuso recaería en la dichosa manía que tenemos algunas personas (mayoritariamente mujeres según él) de plantearnos la idoneidad de esos zapatos de marras siendo que ni te rozan, ni te molestan. ¿Por qué entonces proyectar que pudieran no ser los adecuados?; el debate continuó con cuestiones de pareja del ámbito de si el motivo de meter a una tercera persona en la relación sería por morbo y hacer cosas nuevas ¿o podría ser porque esas parejas pudieran no bastarse  el uno con el otro que necesitarían introducir elementos externos desvirtuando en cierto modo la íntima complicidad de dos personas? El hecho de no amar como la otra persona necesita nos debería condicionar para intentar modificar en un pequeño o mediano porcentaje nuestro modo de expresar para asegurar que le llegue al otro? O ¿sería el otro que debe adaptarse a nuestro modo de exteriorizar lo que sentimos? No debería ser demasiado lumbreras para suponer que a mi modo de entender, ésta sería una transformación promovida desde ambas partes, ¿no? Aunque en nuestra charla surgiera también la opción de no necesitar enmendar ni el  modo propio de plasmar ni el de percibir así que en este tema, como siempre, seguimos quedando en tablas siendo incapaces de llegar a un consenso 100% satisfactorio como fin de conversación y, por otro lado, después de esto encadené con  la leyenda del hilo rojo del destino y todo aquello de ser el uno para el otro y de todos los años de convivencia, de historias, de mirarme y saber leer dentro de mi mente de un modo mágico, de luchas conjuntas, de superar trabas y de tirar para adelante en el mismo barco, de los que ya no están pero estuvieron y vimos partir juntos y de las dos perfectas personitas creadas desde la perspectiva de formar una familia que avance unida y me nacieron sólo ganas de construir y reconstruir y fue como un mensaje que le mandaba yo misma a mi idea del amor romántico, ese amor que se aleja de vez en cuando a vidas paralelas imaginarias pensando que tal vez allí podría ser más feliz o más libre, y era un mensaje desesperado a la par que silencioso y tranquilo que le decía : quédate, este es el camino: ya se nos ocurrirá algo.

Y ese algo es tan sencillo como expresa Murakami, cuando observamos al cabo de un tiempo o desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que renunciaríamos a todo para conseguirlo y de repente se vuelve sorprendentemente desvaído. Y entonces te preguntas que demonios veían tus ojos.
Y decidí entonces que cuando unos zapatos se rompen acontece muchísima diferencia entre “vamos a ver si funciona” y “vamos a hacer que funcione” y es solo cuestión de ganas muchas veces que pueda volver a funcionar. Yo no estoy en esta situación física real pero ya sabéis que mi cerebro está en continua efervescencia sobre estos temas y para mí, tomar esta decisión hipotética denota una dirección inequívoca sobre hacia dónde enfocar mis pasos mentales.

En algún lugar leí que si realmente quieres comprender a la persona que amas debes mirarla como si fuera la primera vez, sin el peso de la memoria pero estoy profundamente en desacuerdo con eso  y la clave está precisamente, en todo el peso de la memoria, esa memoria que sabe cómo se hizo cada herida o cada cicatriz y también cada sonrisa; situaciones que se convierten inequívocamente en capítulos de toda esa historia en común.

Sólo espero, para finalizar, poder seguir escribiendo páginas de este nuestro libro, a sabiendas que habrá tachones, esquinas dobladas, anotaciones en lápiz, párrafos subrayados y alguna que otra hoja arrugada o arrancada y es que así es como debe ser la vida para mí, con capítulos de todas las temáticas, como bien marca un buen libro de aventuras, pero (ansío y deseo) que el posible cuento de los zapatos viejos, tenga un final de cuento de hadas.


viernes, 3 de abril de 2020

Valkirias de milésima generación


Hoy me he metido en la ducha sólo para ducharme, es decir me he lavado el pelo y el cuerpo. Y ya está. No me he exfoliado el cuerpo, ni me he aplicado leche limpiadora en la cara, ni me he depilado. Tampoco me he fijado en qué champú he utilizado ni en si lleva parabenos o si es para pelo rizado o liso. Una simple y tradicional ducha.
Me he quitado el esmalte de uñas y no me las he vuelto a pintar. Me he desenredado el pelo y lo he dejado secar al aire, sin secadores, sin planchas.
Y oye me ha gustado.
Me he sentido libre y cómoda, como cuando hice el camino de Santiago y descubrí que no necesitaba ni la mitad de cosas que usaba diariamente en mi vida. Verifiqué que se puede ir por la vida en mallas, camiseta de pijama que no tapa el culo, calcetines gordos de nieve y chanclas de piscina. Vamos, un horror de estilismo y sentirse tan a gusto.
Sin artificios, sin preocuparme por el que dirán. Y mostrarme así frente a todo el mundo y darme absolutamente igual lo que piensen los demás.
Después he ido al osteópata por primera vez y me ha indicado que me ponga en la camilla con la mínima ropa posible sin que me sienta incomoda, y  me he quedado en ropa interior porque sinceramente no me he sentido incomoda en ningún momento por mostrar mis lorzas serranas. Básicamente porque me ha dado igual lo que pudiera pensar de ellas.
Y después, casualmente he iniciado un capitulo nuevo del libro que me estoy leyendo de Bel Olid, en el que se habla de los estereotipos y expectativas respecto a la belleza corporal y lo curioso (o no) del tema es que me he sentido muy identificada con todo lo que he leído.
De ahí he meditado un poco más sobre el tema y resulta que mi cuñado Emilio, por ejemplo, tiene canas y está fantástico y no se ha planteado teñirse en ningún momento;  en cambio yo no me he planteado la posibilidad de ir con canas por la vida. ¿Hay ahí una muestra clara e inequívoca de lo que en mi grupo de amigos llaman Injusta naturaleza de las mujeres? Y hasta hoy creía que no era tanto por presión social sino por auto presión mía, pero después de releer el capítulo que os comentaba ya no estoy tan segura; es decir la presión es mía pero ¿de donde se ha originado la idea de que para ser aceptable corporalmente tengo que ir depilada, sin canas etc.? ¿Quién ha decidido que un hombre con canas gana en atractivo y seguridad pero una mujer con pelos en las piernas o en las axilas pierde encanto?
El tema es que a épocas estoy siendo feliz saliendo de casa con la melena al viento sin secarme el pelo, sin gota de maquillaje, sin teñirme y poco más, pero no os penséis que voy por la vida como un oso pardo, que cumplo los mínimos de salubridad, y ahí precisamente es donde radica mi problema, que mis mínimos, como soy una histérica de la perfección son como los máximos de otras personas. El tema es que yendo así a lo seminatural por la vida me siento  igual que Mérida, de la película Brave cuando sale al ritmo de correré, volaré….y sale a cabalgar y trepa por la montaña  y se siente feliz y después además ni lo publico en Facebook, ni en instagram, ni en mi estado de wasup, ni en stories, ni me hago un snapchat porqué además he eliminado mis cuentas de todas esas redes sociales. Y tal vez esté haciendo una demagogia barata porque lo que si hago es publicar esto en este blog; pero como suelo decir, eso ya lo hablaremos en otra columna distinta porqué quiero volver al tema que me ocupa hoy que es el de mis necesidades de figuración corporal.

Y es que a mi Mérida me encanta, y aun me gusta muchísimo más Lagertha, pero es que la que me gusta es la Lagertha de la serie Vikingos, que seguramente dista muchísimo de la verdadera.
Así que no vengan a contarnos a nosotras historias de ciencia ficción porque seguro que nuestra guerrera vikinga no iba depilada y con esas trenzas fantásticas en su cabellera dorada sin canas, porque después de salpicar sangre y barro durante una batalla, quién va a creerse que pueda desenredarse  el  pelo  si  yo un día me lo ato en un moño y me quedo dormida en el sofá media hora y para desenredarlo necesito a un cirujano de la NASA.  ¿Queremos ser entonces la Lagherza verdadera o la que nos ha mostrado la industria del cine? Es un poco todo junto como en aquel capítulo del Príncipe de Bel Air cuando sale con una chica y al llegar a casa ella empieza a quitarse las pestañas postizas, las lentillas, el postizo del pelo, los tacones, el push up del culo, el wonderbra, la faja….madre mía, está clarísimo que lo que ha enamorado al chico ha sido su belleza natural, sin duda.
A modo de conclusión entonces, pienso en mis opciones:  uno, o algo ha pasado en mi línea sucesoria de reencarnación desde que yo pudiera haber sido una Valkiria en alguna vida anterior, como me gusta fantasear…;)  y mi naturaleza valiente, pasional y guerrera de entonces iba de la mano con un cuerpo acorde sin pelos, sin canas, sin arrugas, con push up incorporado en todos mis músculos o dos,  es que mi progreso a través de las vidas está involucionando o tres, es que quizás la pura  realidad de mi belleza es la que es y veo cada día en el espejo sin más.
Y unos de los quid de la cuestión sería… ¿lo veo yo o como decía Olid nos la hacen ver? Seguramente ayudó a decantar la balanza hacia el lado de Olid cuando una vez busqué “estilo boho chic mujer 40 años” en pinterest y me sugería fotos de mujeres que para mí eran de 50 para arriba y en cambio si escribía en el buscador “estilo boho chic mujer 39 años”  me ofrecían fotos de chicas monísimas en la flor de la vida. ¿De verdad un año marca esa diferencia? Buscadlo, sólo por probar. Alucinareis.
Y en todo esta disertación mental de rebeldía frente a la auto y hetero opresión por unos cánones de belleza impuestos, yo, hoy que había salido a la calle decidida a no teñirme más porque me pica la cabeza cuando lo hago y muchos otros blablablás, yo, que al salir del trabajo para ir a casa ,he cruzado por mitad de la calzada y he caminado por el mercadillo semanal entre los puestos de fruta y verduras, yo, que iba caminando al ritmo de Cheerleader versionada por Pentatonix y  pensando qué bella es la vida y qué sencilla si decido caminar con mi melena al viento, mi cara lavada y con algún pelo que otro en mis piernas, yo que había reencontrado a mi Valkiria perdida, me miro de reojo en un escaparate ,me paro tan en seco que  hasta se me desafina la canción y me veo súper desfavorecida y poco menos que como una zarrapastrosa y decido que no va conmigo lo de despreocuparme por mi  aspecto físico.
Y al llegar a casa, en un intento de desempate,  le pregunto a mi marido, cariño, ¿hoy me ves mala cara? A lo que me responde, no, ¿por qué? Te veo igual que siempre.
Así que sin más ni menos, decido olvidar este tema por qué no me llegan las ganas para clarificar esta tontería de debate y decido hacer caso a este fragmento que encontré hace un tiempo en mi recién odiado Facebook…
Qué guapa estas cuando no te das por vencida. Cuando te quitas los miedos y te dejas llevar. Qué guapa estas cuando dejas atrás lo que pasó, para centrarte en lo que está pasando. Cuando te haces valer y no dejas que te quieran menos de lo que mereces. Qué guapa estas cuando sueñas y sales ahí fuera a cumplir tus sueños. Cuando sabes que no existe nada imposible. Qué guapa estas cuando eres fuerte. Cuando te levantas después de cada caída, cuando cambias de piedra porque esa ya está harta de ti y tú de ella. Qué guapa estas cuando aprendes, cuando sabes lo que vales, lo que mereces. Y cuando me quieres también estas guapa. Pero es que cuando te quieres a ti, estas que lo flipas.
Y curiosamente no habla ni de canas, ni pelos, ni de gordura, ni de nada relacionado con el aspecto físico y ese es el verdadero concepto que quiero inculcar a mis hijos…… y de repente, cuando sólo me falta el titulo para publicar la columna, aparece un virus muy  maligno y la gente empieza a enfermar y a morirse, nos confinan y se reorganiza toda nuestro estilo de vida y todas nuestras prioridades. Y en una milésima de segundo entiendo que ahora no importa nada más que sobrevivir y ayudar  al máximo de personas a que también puedan hacerlo.
No sé cómo va a influir toda esta pandemia en mi modo de ver las cosas, no sé si me reencontraré o me perderá más, si aprenderé algo, mucho o nada y ni siquiera sé si volveremos a ser las mismas personas internamente. Del covid19 supongo que hablaré largo y tendido en otra ocasión, por el momento quiero cerrar esta columna y he decidido cerrarla con la misma conclusión que escribí antes del inicio de esta pandemia, así que ahí va…
No te detengas hasta que te sientas orgullosa de ti misma, sea eligiendo el físico de una top model o el de una desaliñada. Sea como sea, haz que el espejo te devuelva la imagen que tú quieres y siéntete la Valkiria que en realidad, sin duda eres.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Microrelato

Hoy será un gran día sin duda. Esta ceremonia será recordada a través de los tiempos, yo,
Erlend de Schleswig, hijo de Grom y Freya, descendiente de la casa de Halfdan, un gran rey, un
gran guerrero recién llegado de la batalla. Mi esposa y mis hijos lloran emocionados mientras
contemplo como me visten con mis mejores galas, mi escudo, mi casco, mi espada.
Mi pueblo entero me honra por hacer lo que mejor se hacer, luchar.
Ya ha anochecido y mi trono está preparado, en mi barco parto hacia mi destino. Se acercan
todos a despedirme cargados de regalos y ofrendas. Mi fiel amigo Kodran lanza la flecha de
honor y todo mi alrededor estalla en llamas.
El mar me mece suave, estoy en paz.
Adiós amigos…
Odín me reclama, nos veremos en el Valhala.

jueves, 12 de septiembre de 2019

¿Y si probamos en Marte?

Llevo yo pensando desde hace un tiempo, qué tal nos iría en este mundo si probamos suerte en Marte.
El proyecto no sería para buscar otro mundo u otros soles, tampoco para buscar otro tipo de energías, más bien lo que yo ando buscando es humanidad, pura y dura.
No es la primera vez que pierdo la fe en el ser humano (y por desgracia sé que no será la última), muchas veces  antes me ha sucedido en diferentes épocas y por diferentes razones  pero quizás ahora le doy más importancia al tema porque llevo conmigo a dos personitas que hacen que me plantee todo más detenidamente.
De sobras sabéis que tengo una buena vida. Lo he repetido innumerables veces y sé que como me dijo hace poco, en otro contexto bien diferente, una buena amiga “ya querrían muchos tu culo como cara”, pues ya querrían muchos (y yo misma) mi propia vida tal como me ha tocado vivirla. Pero ya sabéis que soy, por decirlo amigablemente, un culo inquieto aderezado con una mente más inquieta aun, una toca pelotillas que no consigue estar relajada y en paz mental apenas un segundo y es por eso que mis emociones de base que ya están calentitas siempre, cuando llegan al punto de ebullición forman un boilover en toda regla y me desbordo.
Un motivo importante esta vez de mi desengaño amoroso con la vida está relacionado con el involucrarme mucho en las historias personales de vida de mis pacientes  y vivir tan de cerca sus desgracias y su dolor que han llegado a afectarme hasta el punto de salir llorando de la consulta más a menudo de lo recomendable. Supongo que es inherente a mi profesión y los que nos dedicamos a ello sabemos que esto pasa y no podemos hacer nada para evitarlo por más estrategias mentales que nos inventemos y que hay cosas que nos tocan muy adentro sin remedio. Por contrapartida hay otras cosas que también me tocan mucho, pero los cojones (lo siento no sé decirlo más finamente). Si, señores, me revienta hasta el infinito llevarme broncas (y gordas) de algunos usuarios por banalidades tales como que lo he cogido tarde para pincharse una vitamina mensual porque estaba atendiendo en la sala de al lado una urgencia vital de otro paciente. No puede ser que hoy en día esperemos lo que haga falta en la cola del supermercado, en la peluquería o para entrar al cine y cuando vayamos al médico montemos unos pollos de tres pares de narices por tener que esperar más de la cuenta. Que yo entiendo que nadie de esas personas quiere estar en el centro de salud excepto yo misma que lo elegí como mi modo de vida y que sí, que ya sé que a veces la espera se hace eterna pero, ¿creéis que se arreglará increpando a la persona que después de echarle los lobos encima te va a pasar a su consulta y te va a atender para intentar solucionar tus necesidades sanitarias? ¿Creéis que os estoy cogiendo tarde porque estoy en mi consulta jugando a las cartas o tocándome el higo? ¿No me habéis visto acaso en más de una ocasión correr por el pasillo o pedir un segundo para ir al baño por qué no hay modo de escaparme un momento ni para mear? ¿Creéis que tengo que aguantar esas malas maneras?
Por otro lado y cambiando de hilo, ¿sabéis  la cantidad de personas que acuden a mi consulta con crisis de ansiedad, llorando, sintiendo que se les hunde la vida por el motivo que sea porqué  no son capaces de gestionar esos sentimientos de desesperanza y desasosiego ni siquiera con kilos de antidepresivos o ansiolíticos? ¿No os da por pensar que ante este panorama hay algo que no marcha bien?; nos debemos estar  equivocando en algo y como no consigo encontrar la raíz del problema, el origen verdadero de este despropósito, me sumo yo también a ese pesar sintiendo que el mundo se ha vuelto tóxico y hay de todo menos humanidad.
¿Habéis conseguido alguna vez ver el telenoticias sin terminar llorando? De política ni hablemos porque no hay ni un solo partido, pero es que ni uno solo que me represente en su totalidad, luego están las desgracias humanas y los desastres naturales, los tsunamis, los huracanes, el pequeño Yulen , los cientos de Yulenes  que mueren diariamente en el mar y de los que no hay eco mediático alguno, del papá que murió junto a su bebé intentando cruzar el rio, de las personas que luchan por los derechos humanos como Carola Rackete  y muchos otros y son encarceladas o asesinadas, pederastas, violadores, personas que no pueden amar a quien elijan sin importar su género porqué todavía les apuntan con el dedo por la calle o lo que es peor, con un arma o el filo de un cuchillo, niños sufriendo y pasando hambre, desigualdades sociales y territoriales, luchadores que abandonan su país en busca de un futuro (ni mejor ni más feliz; futuro a secas) y les negamos la entrada a una tierra que presumimos ¿sea nuestra? ¿De verdad nos creemos poseedores del suelo que pisamos? ¿De verdad creemos que las fronteras se crearon para algo más que para separar? ¿Pero qué demonios está pasando? La runner a la que han violado mientras corría por la mañana, la recidiva de una neo a una amiga y el cáncer que le han diagnosticado a otra, el adolescente que se ha suicidado porque no soportaba el bullying, todos estos que  se convierten en uno más porqué son ya tantos que me parece hemos normalizado el tema.
El mazazo más gordo ha sido el fallecimiento de mi suegro Iñaki, del que quizás sabíamos todos que el día no andaba lejos pero nunca hubiéramos pensado que pudiera estar tan cerca, ¿Y qué decir cuando se muere alguien tan cercano? pues que obviamente deja un hueco enorme en el ánimo de todos pero especialmente me duele el hueco que deja en mi marido Josu porque se le va un padre (igual que a sus hermanos Iñaki, Eduardo y Arantza), en mis hijos porque se les va un abuelo y en Elena porque pierde a su compañero de vida. No me olvido de Javier, que pierde a un amigo casi hermano o de su familia de Bilbao. El carisma de Inasito (para bien o para mal) es de aquellos que cruza el tiempo y el espacio y su funeral fue único en el sentido que yo nunca había visto algo tan triste, reconvertirse en algo tan inusualmente confortable. Su despedida fue acorde a su familia, sin dramas, sin histrionismos; no puedo decir que fue la juerga padre porque sería exagerar la realidad pero sí que acabó siendo una reunión de amigos que duró varios días con encuentros, cenas, vino y risas que nos hizo ver a todos cuanto lo quería la gente. A pesar de que todos llevamos aceptablemente bien su estancia en el hospital y toda su despedida, cuando ya todo vuelve a la normalidad, se apagan las luces del escenario público y vuelves a casa, es cuando se confronta la realidad  con la rutina y ahí, amigos, es donde te replanteas toda tu vida: la presencia de tus propios padres, los sueños, los momentos, lo importante, lo verdadero, lo necesario, lo que quieres en tu día a día y lo que no.
Y en ese momento coincidió que yo no quería muchísimas cosas que tenía alrededor de mi cotidianidad, que son precisamente estas que os estoy contando. Momento de flojera mental y encima este golpe del destino, pues flojera mental de campeonato.
 Por otro lado está el asunto de la información o yo más bien diría de la manipulación y la desinformación. No se ya qué periódico creer ni a que noticia dar credibilidad. Me siento ahogada en montañas de datos y no soy capaz de discernir cuales son fiables y verdaderos.
Comprar un champú  donde se anuncia en mayúsculas  LIBRE DE SULFATOS y seguir leyendo, fijarme en los ingredientes y en la primera línea, ingrediente número uno: Sodium coco sulfate.  Si, sulfate. ¿De verdad estáis poniendo libre de sulfatos???????  Y esto es una tontería  (o no) pero yo me pregunto (y ahí es donde se me empieza a ir la cabeza y pensar en conspiraciones gordísimas) ¿en que más nos están engañando vilmente????? ¿Será que de verdad no hemos ido a la luna? ¿Será que debiéramos  considerar seriamente un modo de alimentación diferente para nuestros hijos? ¿Será que los monstruos de las películas no lo son tanto en comparación con la persona que creó  el Burundanga  y en comparación con las que lo usan para  narcotizar a sus víctimas?
Encontrarse con personas conocidas y remarcarte en tu cara lo gorda que te has puesto. ¿Perdón? ¿Me lo estás diciendo porqué tal vez no lo sé  o para que no vaya a ser que se me olvide? No se paran a pensar la historia que puede haber detrás de esos kilos ni la implicación emocional que pueda tener para la susodicha, es decir yo misma. ¿Con que objetivo se dice algo así? Teniendo en cuenta que no fue una anotación con intención de crítica constructiva o por preocupación o incluso por halagar sino más bien todo lo contrario, ahí fue por hacer daño gratuitamente y a eso yo lo llamo crueldad y mala educación.
A mí, amigos y amigas, ante este panorama  lo primero que me viene a la mente es: Me bajo de la vida; de esta vida que hemos creado y está llena de este tipo de maldades y desgracias.
Estoy cansada no, agotada de pasarme el día enfadada con el mundo, con esa eterna insatisfacción constante de sí pero no que además me hace quedar de antisocial, poco amigable y cero empática (como bien me constató alguien a quien quiero y por eso, en parte, empecé a plantearme estas cositas).
Y aquí es cuando me entran ganas de crear un micro mundo, estilo “el Bosque”, ganas de educar a mis hijos de otro modo, con otros valores, con otra mirada estilo “Capitán fantastic”. Dejar de crecer en el consumismo puro (y os lo dice una gastadora nata) y aprender a vivir de otra manera. Que está claro que no voy a cambiar a lo grande mi modus vivendi porque no tengo ni idea de cómo hacerlo, ni apoyo, ni las herramientas necesarias. Que ya sé que lo que anhelo sólo existe en el cine, que no es real y seguramente no funcionaría pero me gusta imaginar que sí podría recrearse en la sociedad actual; tal vez contando con un grupo de soñadores, acaso de inadaptados, quizás de visionarios, probablemente de locos… (Como la que aquí os relata sus locuras)
Y ante este discurso de mecerme en mi desgracia resulta que hace unos días pasé, volviendo del trabajo como cada día, por debajo del balcón de casa de mis padres. Ellos estaban  tomando algo en su terraza con una amiga que había venido a visitarlos y se levantaron los tres a saludarme con la mano al unísono mientras yo les enviaba besos. Eran las 8 de la tarde y brillaba el sol, la temperatura era perfecta y andaba yo camino a casa donde me esperaban mis peques, mi marido y Simba, nuestro gato.
Y en ese momento fui feliz y me di cuenta que tengo absolutamente todo lo que necesito en la vida para serlo.
Otro día siguiendo con esa dinámica de sentirme bien, viene mi jefa y me felicita con dos besos por haber aprobado el examen de oposiciones (a mí y todas mis compañeras) y mira, sin quererlo me chisporrotean los ojillos de emoción y no sé porque.
Será porque el aprobar sin haber abierto un libro me ha causado satisfacción personal y a la vez el haberlo pasado ya, liberación, será porque  he decidido dejar las guardias extras para poder sencillamente estar en la vida de fin de semana y noche  de mi familia, será porque un paciente me ha visto hoy por la calle y me ha llamado por mi nombre, porque vi hace poco a un compañero de mi turno de bomberos de  prácticas, me reconoció y charlamos durante 5 minutos o porqué mi marido me ha escrito hoy un mensaje felicitándome por el pescado que le he dejado preparado para comer. Pudiera ser porqué ayer fui a una revisión médica de mi hijo en el hospital y sentarse en la sala de espera y ver los niños de alrededor con sus vidas y sus circunstancias hacen que pongas en perspectiva tus apreciaciones; será, será, no sé qué ha sido pero lo importante es, que ha sido. Aun soy capaz de ver algún atisbo de humanidad en este planeta, por lo menos entre mis más allegados que al fin y al cabo son los que me importan.
Así que como leí en algún sitio acá voy de nuevo, entera o a pedazos, pero voy;  con la única intención de saber encarar todas esas pequeñeces que me sacan de quicio, al menos, con una sonrisa en la cara.



viernes, 10 de mayo de 2019

Bajarse de la vida

El camino de Santiago me maravilló por diferentes motivos pero  puedo decir que la causa estrella fue que es una de las experiencias más relajantes y enriquecedoras que he vivido; y más teniendo en cuenta que la primera noche al llegar al albergue de Ponferrada me eché a llorar como una tonta pensando que iban a ser las peores vacaciones de mi vida. Pero después de eso resultó fantástico a pesar del frio, el dolor absoluto de huesos y el cansancio. Hoy, 10 años después sigo preguntándome el porqué de ese sentimiento de perfección en relación a esos días siendo que lo único que hice, fue caminar.
Y creo que he encontrado la respuesta a mi pregunta. Hace casi un año mi marido y yo hicimos una mini escapada de dos noches a un pequeño hotelito rural en Lliçà d’Amunt. El sitio se llama Can Caponet y me lo recomendó mi amiga Sandra, que me conoce bien y a menudo sabe exactamente lo que necesito incluso mucho mejor que yo misma. Rectifico: no lo sabe a menudo. Lo sabe siempre.
Pues bien Can Caponet fue un remanso de paz y calma mental como no recordaba otro igual de intenso desde aquella caminata leoneso-gallega. ¿Y cuál es la clave? Pues que no tuve que tomar ninguna decisión, es decir, en el camino simplemente tenía que seguir la flecha amarilla y caminar. No debía pensar ni qué, ni donde, ni cuando, sólo seguir el camino y pararme al llegar; y al día siguiente lo mismo. En Can Caponet estaba incluida la cena y es un sitio donde no hay menú. Al llegar te preguntan alergias y preferencias y nosotros dijimos que ninguna alergia y que ninguna preferencia. Libertad  absoluta de lo que nos quisieran ofrecer. Así que la cena fue sorpresa por completo, no tuve que decidir nada; tanto es que para el postre me dieron dos opciones a elegir y me molestó tener que hacerlo porqué le había cogido el gusto a lo de no decidir.
Estoy en un momento en el que estoy muy del rollo “me bajo de la vida”. Estoy muy saturada de mi entorno laboral por diversas razones (que no vienen ahora a cuento del todo pero que ya iré desgranando poco a poco) y una es precisamente por  la necesidad de tomar decisiones, de unos 20 pacientes que veo al día de media, se generan mínimo el mismo número de  decisiones. Aparte las decisiones de mi vida privada y las que incumben a mi familia más cercana. Lo sé, lo sé, lo sé, así es la vida y eso significa ser adulto. Lo sé.
Y es que estoy en un plan que verdaderamente la mejor vida que se me antoja sería meterme a monja. ¿Sabéis? Aquello de no pensar qué ropa ponerme, no preocuparme del pelo porque lo llevo tapado, no preocuparme de mi aspecto físico porque estoy semi recluida del mundo y no estoy para ligar ni para que me vean guapa, dedicarme a hacer pastelitos (y a comérmelos), tener las obligaciones definidas y vivir en un remanso de paz y calma, a ratos hasta hacer voto de silencio (porque a menudo me pasa que me canso hasta de oírme a mí misma y a mis historias). Un poco como desaparecer del mapa, o por lo menos desaparecer de la portada de la revista durante una temporada. Quedarme detrás de las cámaras, en un despacho cerrado sin interactuar excesivamente con el mundo exterior.
Ahora que esta tan de moda todo este tema de los blogs, de las mini historietas en video de instagram, Facebook, los influencers etc….y yo, al revés, siento que necesito huir de todo esto. Me canso sólo de pensar en lo guay que tiene que ser toda esta gente cada día y la tensión de mantener el nivel de fascinación en ellos mismos a lo largo del tiempo (que por contrapartida soy consciente que estoy haciendo una demagògia barata puesto que precisamente yo publico las columnas de este blog en esos formatos). El tema es que me abruma mentalmente este afán por demostrar ser mejor que los demás. Supongo que este sentimiento viene también porque he tenido que hacer en los últimos años diversos exámenes, reacreditaciones  y pruebas a nivel físico e intelectual que han hecho que me rebose el vaso de esto mismo que os digo, de tener que demostrar, ponderar o validar lo buena que soy o debería ser en esto o aquello. Me agota. No quiero examinarme más (léase de heteroexamen y tampoco de autoexamen que son casi peores que los otros) y os lo dice una que en dos días, literalmente, tiene el examen de oposiciones para el que obviamente a raíz de esta apatía que me acompaña, no ha estudiado.
Con el momento de las redes sociales me viene a la mente un domingo de barbacoa en el campo celebrando el cumpleaños de unos amigos. Entre los asistentes hubo una pareja de conocidos que vinieron también con sus peques.En general fue un día muy agradable, excepto para ellos. Estuvieron todo el día apartados del resto del grupo, sus niños no interaccionaron en ningún momento con el resto, ni participaron de las actividades que se iban generando; por decir más, durante la comida estábamos todos juntos en 2 mesas largas, excepto ellos 4, que se sentaron en una tercera mesa aparte. Hasta ahí bien, cada uno que se divierta a su modo. Mi sorpresa fue al llegar a casa, miro en Instagram y veo que han publicado un collage de fotos (que ni se en que momento hicieron) que muestran un día absolutamente contrario al real. En esas fotos parecía que para ellos había sido la bomba de diversión, integrados completamente en el grupo, cosa que era falsa.
Ese día, y es triste reconocerlo, aprendí que un alto porcentaje de lo que se publica en las redes sociales está apañando, manipulado o mejorado. Que ya sabía que así era pero no me imaginaba que así fuera también para gente de verdad, cercana a mí y de mi entorno habitual.
Podría ser también, cosa que me he planteado, que su idea de diversión difiera tanto de la mía que lo que para mí es separatismo e introspección para ellos sea la juerga padre. Podría ser, lo admito.
Así que en este afán de paz he descubierto el concepto del minimalismo y estoy intentando ponerlo en práctica a nivel mental y físico. No voy a dejar de comprar las cosas que necesite o me gusten, no estoy hablando de un minimalismo consumista porque me gusta gastar y tener cosas; sino más bien una limpieza de espacios y emociones que me aporten la ansiada calma.
Automatizar algunas decisiones para no tener que pensar tanto, que dicho así suena fatal pero es que verdaderamente estoy desbordada por hiperdecisionar. Como cuando vas a comprar un champú. ¿Habéis visto cuantos hay??? Millones. Uno para pelo graso, otro con vitaminas, otro para rizos, con sulfatos, sin siliconas. Me abruma tener tantas opciones. Leyendo sobre educación vi que a los niños a ciertas edades no conviene darles a elegir entre muchas alternativas porque se aturullan; pues conmigo lo mismo. Dos como mucho. Blanco o negro. Va por Dios, un simple champú que lave y punto. La vida en estos aspectos vánales debería, para mi gusto, ser más simple.
He notado que me pasa también lo mismo últimamente con elegir casas rurales o restaurante, me da igual el que sea, me adapto al gusto de la mayoría, cosa que tampoco es recomendable porque a mi precisamente me gustan la gente con decisión y yo no quiero convertirme en una persona desdibujada o indefinida. Me daré por tanto unas vacaciones mentales donde reine la neutralidad que supongo me cargarán las pilas para encarrilarme de nuevo y quitarme de encima este desasosiego que arrastro que seguro que está muy determinado por la falta de proyectos laborales que me motiven.
A día de hoy mi mayor satisfacción cotidiana en cuanto a quehaceres personales radica en cocinar, coser, desapelotonar espacios de mi casa para hacerla más agradable a mi recién estrenada vista minimalista y dibujar. Tampoco está tan mal diría yo.
Así pues, hermanas de la caridad, siervas del espíritu santo, aunque debo reconocer que vuestro plan de vida se me antoja lleno de paz, estoy segura que no sería una buena candidata para mantenerlo a lo largo de los años y quizás tengo una opinión de las congregaciones religiosas femeninas un tanto sesgada a causa del magnífico convento en el que cayó Deloris Van Cartier y me huele a mí que no andan por ahí los tiros en la realidad.
¿Veis?  Ya me estoy curando; he conseguido decidir, sin agobiarme, que monja va a ser que no de momento.





jueves, 21 de febrero de 2019

1+1 = ...

Debo estar hecha de carne y beso, o tal vez de carne y sueño;  ¿de carne y cielo quizás?, de todo menos de carne y hueso, estoy convencida, y el motivo es que cuando estoy en paz, relajada conmigo misma y en momento cerebro de vacaciones, cualquier chuminada me saca de mi estado y me eleva a las nubes a plantearme lo que sea y suele pasarme, a menudo, que los detalles más tontos me desvelan las verdades más absolutas y me maravillo de hacerme consciente de grandes cuestiones metafísicas sin entender  cómo no había sido capaz de darme cuenta de ello hasta este momento, aunque lo más seguro y habitual en mi es que al de pocos meses vuelva a desquitarme de esa revelación maravillosa y vuelva a mis opiniones anteriores. Pero es que estoy en permanente conflicto mental entre la exclusividad en el amor y la nueva idea que hace tiempo ya, anda germinando en mi mente respecto al amor (o no), que no definiría precisamente como inclusivo pero por lo menos diría no exclusivo. Vamos, superpajarraca de las buenas. Y el tema es que no consigo decidir con que opción me siento más identificada.
Así me ha pasado con “el Embarcadero”, la serie de Movistar. No es que quiera spoilearos la historia pero es que si no cuento algún rasgo general de la trama, no tendrá ningún sentido esta columna. Quien avisa no es traidor.

Hombre felizmente casado, muy enamorado de su esposa conoce mujer y se enamora de ella también locamente. Fácil, muy a la orden del día seguramente. Lo que a mí me pudo chirriar al principio es el detalle de que el hombre es feliz y está enamorado de su esposa porque aunque yo ya sé desde hace mucho tiempo que una cosa no quita la otra, es decir, estar muy enamorado no excluye el apetito  por un coqueteo externo, en mi ideal de matrimonio, no se deberían necesitar actividades extramatrimoniales si se está al 100% bien con tu pareja.

Pues bien, él se enamora de Verónica. Y cómo no iba a enamorarse de ella si hasta yo lo he hecho. Y me he enamorado de ella y de cómo ella ve y entiende la vida y el amor. Y me he dado cuenta señoras y señores, cuan absolutamente equivocada estoy en mi concepto de amor y qué mal estoy amando.
Me explicaré. Si me preguntan cuál es el amor más verdadero y puro que conozco, el AMOR en mayúsculas, el de no querer nada a cambio, el de sólo vivir y morir por la felicidad del otro, lo tengo facilísimo y clarísimo: el amor que siento por mis hijos.
Es un tipo de amor, como ya he dicho, de por ellos muero y mato, de contra más amor reciban venga de donde venga mejor y de sea lo que sea que les aporte felicidad ahí estaré yo para intentar ofrecérselo. Es decir, quiero que les quieran, cuanta más gente mejor. Provenga de donde provenga el amor lo quiero para ellos, no hay celos, no hay posesividad ni exclusividad.

¿Entonces qué pasa con el amor que siento por mi pareja? En ese amor existen celos, posesividad y exclusividad; estas tres características con cierta connotación negativa y muchas otras por el estilo. Me cuesta mucho asimilar, a pesar que he barajado la idea de pareja abierta, que él pueda sentir cualquier cosa relacionada con el amor, la atracción o el deseo con una mujer que no sea yo. ¿Es por tanto este un tipo de amor equivocado? ¿Estoy amando mal? ¿Estoy errando estrepitosamente definiendo este sentimiento como AMOR, siendo que dista tanto de la definición que yo misma he creado de lo que para mí es el amor verdadero? Y es que yo entiendo que una cosa es amor y la otra sexo; que una cosa es tu compañero de vida, con proyectos en común, la persona con la que quieres envejecer y la que quieres que esté siempre al volver a casa y la otra es una noche de sentirte diferente, de un punto de locura, de ser sólo tú por unas horas etc.También entiendo que cada extremo de la cuerda (el extremo del amor incondicional y el extremo del sexo por disfrute) puede ir aderezado con amistad, posesividad, complicidad, intimidad, cercanía, cariño, eternidad o fugacidad y que los sentimientos son muchas mezclas de definiciones y incluso que el mismo concepto en una persona u otra o en una circunstancia u otra, pueden despertar emociones muy distintas.

Ralph Waldo Emerson dijo:”La madurez es la edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”; pues puedo decir que a día de hoy y según esta definición, me siento madura porque ya no me creo mis propias trampas de película romántica de cuento de hadas, para mi propia vida yo creo en los cuentos pero no en los fantásticos, sino en los cotidianos, en este tema me gusta más basarme en historias costumbristas, de las de día tras día, donde hay niños que lloran, lavadoras, broncas en el trabajo y nervios porque no nos llega el dinero a final de mes. De adolescente me encantaban las historias de chico conoce a chica y toda la trama hasta decidir quedar juntos, el primer beso, la primera cita etc. Ahora estas historias me parecen fáciles, sin complicación alguna; me parece la parte sencilla del argumento y me identifico más con el otro tipo de cuentos, los de relaciones largas. Esa es la parte difícil del guión. Y es que siempre he pensado que cuando buscamos algo fuera de casa, lo que buscamos es la novedad, el sentir la ebullición de la sangre ante el primer roce, el sentirnos fantásticos porque el otro sólo ve en nosotros las cosas buenas que le hemos mostrado (porque no ha habido situaciones para enseñar aun nuestra cara norte y aunque se hubieran generado esas situaciones seguramente no las mostraríamos al 100% porque tampoco nos va la vida en ello, o quizás si, tal vez nos mostraríamos con toda nuestra gélida cara norte porque por el contrario no nos importaría lo que pensaran de nosotros); Pero en definitiva lo que buscamos es sentirnos especiales. Y ahí es cuando surge esa bromita de “Sabes que es el indicado cuando se te olvida todo, hasta tu marido”. ¿Y cómo no se te va a olvidar tu pareja habitual? Pues, blanco y en botella. Es como cuando te vas de vacaciones a Menorca, puestas de sol, mojitos, playa, sin horarios… ¿no te olvidas de tu vida laboral mundana y cotidiana? Pues yo creo que lo mismo debe pasar con un amante o con un amigo especial. Todo es bonito porque nada es comparable con unas vacaciones en Menorca y cuando se está en modo amante vives de vacaciones. Pues eso, que estreno mi madurez no dejándome engañar por esas vacaciones.
Pero es que estoy liándome y no estoy expresando bien lo que quiero transmitir.

Entiendo la situación de que pueda surgir la ocasión de un desliz
Entiendo la situación de que pueda surgir la ocasión de un desliz estando felizmente emparejado
Entiendo pactar un tipo de relación abierta, puedo entender tener de vez en cuando un desliz, comerse una madalena de chocolate de vez en cuando y volver a tu desayuno habitual. Entiendo que puede apetecer un kit kat que te reinicie la vida y las ilusione.
Entiendo sobretodo las ganas de sentirse especial y de no perderse nada que pueda hacerte experimentar sensaciones nuevas o emociones olvidadas. Aquello de la vida son dos días y el porqué tendría yo que perderme este arrebato de embriagadez.
Y entiendo, mal que me sepa, que estamos obviando cualquier atisbo de moralidad, ética y confianza.

Lo entiendo todo y no juzgo nada porque ya aprendí hace tiempo que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y os aseguro que no voy a ser yo.

Y ahí es donde llego siempre al mismo punto, que entiendo tantas cosas que al final no comprendo nada  y es que este es un tema en el que, por lo complicado de las relaciones, por la infinidad de percepciones y sentimientos que tiene cada individuo y por la implicación tan intima y personal que conllevan estos asuntos , por más que, desde el punto de vista teórico, me encanta la jugada de una relación abierta, el poliamor o cualquiera de estas nuevas definiciones que promulgan un modo de amar más sincero con nuestra esencia, sospecho que no sabría  llevarlo en mi relación al modo práctico, asi que mejor espero a la próxima temporada de "el embarcadero", a ver si los guionistas me sacan de este embrollo mental.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Reir y Reñir


Me encantan los posts de mamás y papás adorables que promulgan la posibilidad de una vida diferente. Esos gurús del bienestar mental que aseguran una rutina diaria sin prisas ni gritos, en la que siempre mantienen la calma y viven con una sonrisa permanente en la cara y donde a menudo sus hijos son ángeles personificados.

Ciertamente cuando pienso en eso me vienen a la mente anuncios de compresas donde las mujeres durante la menstruación viven en una nube vistiendo pantalones blancos y se pasan el día bailando, sonriendo y oliendo a flores, en definitiva, una mentira. Maravillosa pero mentira al fin y al cabo.
Pues lo mismo me pasa con el mundo idílico al que todos queremos llegar cuando tenemos hijos. 

Desde el segundo cero de la existencia de mi hijo mayor me di cuenta que en lo que respecta a hijos y a educar, no hacemos ni lo que debemos ni lo que queremos, hacemos lo que podemos.
Mi hijo cada día por las mañanas para ir al colegio me dice que no tiene 50 manos, que una cosa detrás de otra y que no lo atosigue con mil ordenes a la vez. Lo de – “Jon cariño, cara, dientes, mochila y desayuno “no le va. Mi hija también me refunfuña cuando le pongo los zapatos aprovechando que está sentada en la taza del wáter o le desenredo el pelo al mismo tiempo que se lava los dientes. Y eso que tengo la gran suerte de tener unos hijos muy autosuficientes; no considero que me pueda quejar en nada de lo que conlleva mi maternidad porqué ciertamente tengo mucha ayuda por parte de mi familia y por parte de mis propios hijos. No hablo ya del padre de mis hijos que no me ayuda en nada, porque como todos sabemos los padres no ayudan sino que son el otro pilar fundamental junto con las madres y ser dos, implicados  al 100% es un alto nivel  de calidad de vida. Así pues tengo la suerte de tener niños sanos (que es fundamental) y autónomos en los roles que les toca por edad, pero a su ritmo, ese es el quid de la cuestión; yo soy más de mi propio ritmo, estilo militar, rutina en mano, silbato a lo poli de guardería y no tanto de flower power acariciando nubes de camino al colegio. Pero ojo cuidado que yo no soy precisamente de las de primero el deber, no soy histérica de la limpieza y tranquilamente me voy a sentar en el sofá a descansar lo que haga falta, pero con un cierto orden. Después de repente me dan los cinco minutos y monto en cólera porque quiero que todo este ordenado o que todos los integrantes de mi casa vayan a mi mismo ritmo. Y eso es lo que siento que tengo que cambiar

Y es que claro que podría levantarme dos horas antes para ir con mucha calma pero entonces tendría sueño y mis hijos también tendrían más sueño y llorarían y volveríamos al mismo punto. Y claro que puedo jugar con ellos en lugar de limpiar pero eso lo hago un día o tal vez dos y al final tengo que acabar limpiando mas y acostándome más tarde para hacer lo que no he podido hacer mientras jugaba, con lo que sigo teniendo sueño al día siguiente y como estoy cansada les grito más y tengo menos paciencia y eso señores, es muerte por mal rollo.
Y podría dejarlo todo e irme a Costa Rica a pasear por la playa, prescindir del materialismo y vivir de lo que pesquemos, beber agua de coco, dejar que crezcan con otros valores y prioridades y vivir la vida. Esa opción me gusta, Diossss cómo me gusta. Esa opción me ronda por la cabeza cada año, unas dos o tres veces mínimo, y siento que podría funcionar de verdad, pero esa pajarraca es muy gorda y se merece una columna propia, así que en otra ocasión.

El tema es que estoy aquí y tengo mi vida, de momento, aquí montada. Me gusta el sitio y me gusta nuestro estilo de vida en general. Y entonces es cuando viene mi compañera de trabajo y  amiga Sonia (amiga de esas que te dice las cosas a bocajarro y te pega un zarandeo de no te menees y te pone en perspectiva tu tontería, tu problema  y tu vida entera) y me cuenta cómo lloraba al hablar con una amiga suya sobre un libro que pone en entredicho la manera de educar a nuestros hijos. Y me cuenta su manera y veo que es muy similar a mi manera y entonces  me cuenta la manera del libro y las dos lloramos y caemos en la cuenta que (por no cambiar de palabra) hay o debería haber otras maneras posibles. Y yo me la sé, yo me sé la teoría al pie de la letra y sé todo eso del tiempo de calidad, eso de que cuando sean mayores no recordarán la ropa limpia sino los ratos juntos en familia y ahí es donde vuelve a surgirme el eterno dilema del hasta dónde tirar, porque claro que hoy puedo cocinar o limpiar menos y sentarme a jugar con ellos pero es lo mismo que cuando uno está a dieta y dice que por un bomboncito hoy no pasa nada que es el cumpleaños de Núria, pero es que mañana se cambia Sandra de trabajo y trae pastas y pasado Gabi nos agradece una conversación tipo terapia grupal y nos invita a croissants y al otro Clara decide traer una carrot cake de su termomix y oye yo no sé qué pasa que cada día se celebra algo en mi trabajo. ¿Entendéis a lo que voy? Si vamos sumando muchos “por un poquito que me salte la dieta no pasa nada” al final acabamos en “todito al culito y tengo que venir a trabajar con los calzoncillos de mi marido porque no tengo ni unas bragas limpias “; pero oye que no tengo bragas limpias porque he disfrutado cada día del mundo de un tiempo de supercalidad con mis hijos. ¿Qué haya una montaña de ropa por doblar pero sea a causa de pasar tiempo con los peques y no sea por estar tumbada en el sofá relajada me exime de la responsabilidad? Diré más, ¿estar tumbada en el sofá relajada yo sola cuenta como mal y  estar tumbada en el sofá mientras mi hija me peina porque estamos jugando a salón de belleza cuenta como bien? ¿Si añado a mi hijo a masajearme los pies porque obviamente él también quiere participar del salón de belleza cuenta como explotación infantil? Y si cuando llega mi marido de trabajar no tengo la cena hecha y le toca ponerse un tanga mío porque no hay ropa interior suya limpia pero el motivo ha sido estar con nuestros hijos disfrutando del momento ¿cuenta como buenamadre aunque malaesposa?

Y ahí tenemos el eterno comodín para todos los conflictos del planeta. El truco y lo importante es buscar el equilibrio. Ese dichoso equilibrio que a mí me cuesta tanto encontrar porque nunca se definir sus límites ni nunca se fijar la frontera entre mantenerme en él o cruzarlo tres pueblos.
Así que tengo claro cuál es el camino a seguir. Lo correcto para mí y lo que quiero hacer es pasar el máximo  tiempo con mis niños, sea jugando en el parque, sea haciéndonos carantoñas en el sofá, haciendo deberes o  invitándoles a participar en las tareas caseras diarias. No puedo sectorizar mi vida de tal manera que tenga exclusividad de momentos por temáticas así que en la medida de lo posible voy a incluirlos en todo lo que crea va a generarles calidez familiar, sin que por ello tengamos que vivir en una juerga constante o en una desidia organizativa total. 
Quiero mostrarles la realidad y la cotidianidad como es, con el único anhelo que en sus recuerdos prevalezca que su hogar fue un hogar de verdad tanto para lo divertido como para lo necesario y para que  aprendan que la cena no se hace sola, que la ropa no va caminando al armario y que la nevera no se llena por arte de magia, pero sobretodo lo que más quiero que aprendan es que el amor, la complicidad, el estar ahí para lo que sea y el sentimiento de pertenencia se forjan a fuego lento y que ese es el único y verdadero significado de lo que para nuestra familia, significa familia. En "Love story" decían que amor significa no tener que decir nunca lo siento; siempre he estado muy en desacuerdo con esa definición. Para mí el amor significa ESTAR y como coletilla añadiré que es también poder decir y expresar cómo somos realmente por dentro  y aun pudiendo no estar de acuerdo con el otro, seguir ESTANDO.

Con todo esto sólo espero que cuando tenga que ponerme ropa interior de mi marido, no sea porque no queden bragas limpias en casa, sino sólo y especialmente cuando a mí me apetezca.




domingo, 20 de enero de 2019

And the Oscar goes to...

No puedo soportar una vida de encefalograma plano, necesito emoción, vehemencia. Necesito pasión, vuelcos de corazón y tsunamis en el estomago. Es por eso que soy muy fan de las películas de cine, me definiría, entonces, como….  peliculera (que como dice mi padre, no significa tener pelos en el culo)
El tema de ver muchas películas es que después mi imaginación va a mil y todo lo relaciono con el cine. Vivo en una especie de circulo vicioso en el que interrelaciono cine-música-comida-olores y que se yo qué más y no puedo evitar otorgar a situaciones cotidianas, finales de película.
Creer que, en aquella ocasión en la que nos fuimos de camping a la sierra de Cuenca y tuvimos que dormir en el coche con la calefacción puesta, se podría generar un suicidio colectivo y por más que mi marido me aseguró que para que pasara eso había que poner el tubo de escape dentro de la cabina del coche y cerrar las ventanas a mi me dio tan mala espina que desestimé la calefacción y opté por el calor corporal que resulta menos peligroso; o tal vez no…)
Imaginar la historia de aquella pareja de ancianos que vinieron los dos a sacarse sangre para una analítica. Cada uno se sentó en un box. El señor llevaba tatuada en el brazo una preciosa pin up con el nombre de Sheila. Inmediatamente eché un ojo a la petición de analítica de su esposa para descubrir que se llamaba Mª del Pilar. Uy,uy,uy, qué historión se formuló de repente en mi mente!  Obviamente él de joven debía ser marino, de los de puerto en puerto, y en uno de sus viajes conoció a Sheila. Fue cuando estuvo destinado a Pearl Harbor y fue un amor apasionado y desgarrador porque ella estaba casada y él tuvo que partir hacia su siguiente destino. Su última noche juntos, viendo ponerse el sol desde la Bahía de Hanauma, poco después de hacerse el tatuaje, se juraron amor eterno entre besos y lágrimas. ¿Qué creéis que se tarda en hacer una extracción de sangre? ¿2- 3 minutos? Cómo hubiera deseado tener que llenar algún tubo más para continuar con mi historia, y qué preciosidad de historia!, cómo me miraba el señor cuando al salir le susurré al oído…tranquilo, seguro que Sheila te sigue queriendo….:)
Rediseñar mi  tranquila ruta de trekking por el perito Moreno y convertirla en una caída a través de una inmensa grieta, caer mal y que mi compañero tenga que colocarme un dedo de la mano fracturado, perder el piolet, escondernos en una cueva natural para pasar la noche mientras esperamos a los equipos de rescate que llegan en helicóptero y tener el complicado dilema de decidir si al final de la historia el amor nace con mi compi de glaciar que es tipo Chris O’donell en Limite vertical o con el rescatador del GRAE / HEMS que me coge en brazos y me sube al helicóptero que es tipo Tom Cruise en Top Gun …:)

Sumergirme de pronto, mientras voy de paquete en la BMW en la freaky y ochentera película de motos de Vanilla Ice, “Frio como el hielo” y imaginar pararme en un polígono y charlar subida en la moto mientras él acaricia mi pelo y al sentir un bache bajo mis pies, que hace que reaccione de mi letargo me adentro entonces en Long Way Round con mi Ewan McGregor y me veo recorriendo, está vez conduciendo yo obviamente, las antiguas carreteras rusas llena de barro, con frio y hambre. Llegamos a nuestro refugio, siempre con chimenea  y me tranformo en ella, siempre ella. La baronesa Blixen  de memorias de África y relato un bello cuento mientras tomamos una taza de caldo caliente junto al fuego. A la mañana siguiente de vuelta a la ruta me sorprende una concentración de globos aerostáticos sobrevolando nuestras cabezas y miro hacia arriba y no puedo hacer más que sonreír, maravillada ante tal preciosidad de arco iris volantes y abro mis brazos y me siento libre y respiro.
Misma libertad que cuando intento hacer surf con mi familia y no consigo más que semilevantarme en la tabla una o dos veces, pero a pesar de ello, noto la velocidad con la que me arrastra la marea y un sentimiento de felicidad me invade, al constatar la inmensidad del océano en contraposición con mi insignificancia que consigue abrumarme y a la vez bendecirme por ello. Y veo a los surfistas y me meto de lleno en “le llaman Bodhy” y me imagino en su mundo y no os podéis imaginar cómo disfruto de pertenecer a él aunque sea durante los 5 minutos que tarda la ola en hacerme salir de mi historia para devolverme a la realidad.
Y no necesito más porque en esos minutos me siento plenamente feliz y vuelvo a creer en los cuentos de hadas y como en el cine, siento que todo es posible. Algunos piensan que eso es una actitud infantil y que me perjudica en mí día a día, yo, no me lo planteo, sólo lo disfruto y aunque sea sólo por unos instantes y sepa que esas sensaciones tienen fecha de caducidad, os diré como dijo Frida: no me hagas caso, soy de otro planeta. Todavía veo horizontes donde tú sólo dibujas límites.
Así que dejadme ver horizontes, dejadme imaginar, dejadme recrear escenas de películas, porqué durante esos espacios de tiempo la magia del cine me hace pensar que todo es posible y eso amigos, es un sentimiento extraño y maravilloso que vale la pena custodiar.


jueves, 27 de diciembre de 2018

Lista, libre y mirando afuera.

Dime si la vida te saca a bailar, dime si la vida te saca de quicio….
Dime cómo se supone que debería sentirme ahora que me han encontrado mis 40; Podéis constatar que mi columna sobre este cumpleaños llega 2 meses tarde; estaba intentando escurrir el bulto y ver si me levantaba otra vez con 20 pero no ha habido modo, me llegó el turno , no hay más. Y debo decir que tras la depresión  inicial y que a pesar que cuando vi al camarero acercarse con un 40 en el pastel por un instante fugaz pensé, fíjate quien es la desgraciada que cumple 40 y resultaba que era yo; días después mi compañera Paz me hizo caer en la cuenta que la única desgraciada es la que no los cumple. Y qué razón tiene con esa afirmación, así que debo reconocer que me siento muy agradecida por cumplirlos y doy gracias, sin duda, a todos estos 40 años y a lo que me ha tocado vivir en ellos.
Los festejos estuvieron inmejorables, comí con mis padres en un sitio precioso, mi marido me preparó una fiesta sorpresa en mediano comité con mis amigos más cercanos, tuve comida familiar con mis suegros y cuñados, tuve cena y juerga de sábado noche-amanecer  con algunas amigas, mis hijos me regalaron unos preciosos dibujos y tuve un regalo muy especial para mí que nunca  hubiera esperado (ha desbancado a los patines de hielo o sea que imaginad), que fue la publicación en papel de precisamente este blog que escribo, con una elección de titulo, foto de portada y dedicatoria que ni yo misma, que lo he parido, hubiera podido hacer mejor. Así que gracias, gracias y gracias porque aparte de todo esto que obviamente fue genial, el verdadero regalo de mis 40 fueron todas las personas que forman parte de mis días, que sois sin duda lo mejor  de estar en esta disparatada aventura que se llama vida.
Así que socialmente me va genial, de aspecto físico  con mis pajarracas de siempre reagudizadas con una sensación fatalítica de no encontrar mi propio estilo en lo que a moda se refiere y ¿por dentro? ¿Cambiaran  mis ralladuras mentales ahora que soy una mujer madura? A largo plazo no puedo ni imaginármelo ,porque reconozco que soy más impredecible que una veleta en medio de un huracán, estudiemos pues mis sensaciones inmediatas…
Cuando era adolescente mi amiga Irene siempre decía : “el tiempo pasa, huye de nuestras manos y sin darnos cuenta nos hacemos mayores. Algún día deberás elegir entre celda o libertad, aquello que has sido siempre o todo lo que te queda por descubrir”.
Yo sin duda siempre elegía y siempre elegiré la libertad y todo lo nuevo que me quede por descubrir porque el sentimiento de curiosidad me es innato pero ahora, a mis 40, reconozco y aunque me sorprende estar diciendo esto, debo decir que tampoco quiero dejar de ser lo que he sido siempre. Y a pesar de que cada día me levanto con la intención de querer ser distinta y con la sensación de no ser quien quiero ser, si me paro en seco y consigo frenar las revoluciones de mi cerebro, me doy cuenta que soy y tengo todo lo que necesito.
Este último año se me ha pasado más rápido que cualquier otro en mi vida, siento como si fuera ayer mi carta a la cristina de 10 años cuando cumplí los 39 y de repente como en las pelis me he despertado esta mañana con un año más.
¿Y sabéis que? que igual que el año anterior y que el anterior  del anterior, incluso me atrevo a profetizar que igual que el siguiente y al otro, no he llegado ni lo fantástica que hubiera querido, ni lo glamurosa, ni lo lista, ni lo constante, ni lo autosuficiente ni nada de nada de lo que llevo repitiendo demasiadas veces ya. Pero lo importante es que he llegado y lo he hecho siendo consciente, no de las cosas nuevas que no quiero perderme en la vida (que también), sino de las cosas vintage (que no viejas) que precisamente no quiero dejar de tener en ella.  Así que no va a ser un cumple de años nuevos, década nueva, vida nueva. No quiero una vida nueva. Quiero, simplemente mantener mi vida de siempre; con más risas, más curiosidad, más experiencias al fin y al cabo, pero también más conocimiento, más valentía y por supuesto más agradecimiento por todo lo que tengo y he tenido siempre (y obviamente no me refiero a bienes materiales). Quiero tener más de esto y de infinitas sensaciones que ya todos los que me habréis felicitado conocéis porque lleváis 40 años oyéndomelo decir. Y menos, pues de lo típico, de malos rollos, broncas, y todas estas cosas que diría cualquiera. Pero si pudiera pedir desde la sinceridad más absoluta y con la inmensa sabiduría que me han otorgado mis 4 décadas de  primaveras, creo que de lo único que necesito menos de verdad, son de EXPECTATIVAS, que en definitiva son las que me hacen estar crónicamente insatisfecha. Y es que todo el mundo sabe que llegados a mi edad una debe tener un estilo propio y fabuloso, debe saber que quiere ser de mayor y haberse hecho experta en ello, debe aceptarse a sí misma como es y olvidarse de cómo le gustaría ser si fuera la protagonista de su propia película. Más aceptar, más asimilar y menos tornados y montañas rusas. Ya sabéis, más de lo mismo en mi pero quizás a menos revoluciones. Y ya estoy viendo que esto va de mal en peor, pidiendo menos revoluciones, no me extrañaría que mañana dijera ….pues yo prefiero salir al mediodía a tomar unos vinitos con la calma en lugar de salir a bailar y ahí ya, adiós, muerte por vejez infinita.
Pero claro, oigan señores es que a mí también me apetecen los vinitos al mediodía así que ¿por qué prescindir de ellos?...y es que empiezo a estar un poco cansada de mi eterna disertación entre elegir zona de confort vs aventura. ¿Son en efecto esos dos caminos tan  obligatoriamente excluyentes el uno del otro? Encontré hace poco una breve reseña que exponía…las cebras, ¿son blancas con rallas negras o son negras con rallas blancas?; basándonos en este razonamiento podría decir de mi misma ¿soy una buena persona que hace cosas mal hechas o soy una mala persona que hace cosas bien hechas? ¿Soy feliz con momentos tristes o triste con momentos felices? ¿Soy calma con instantes de locura o soy loca con instantes de paz? De ahí entiendo que no soy ni una cosa ni otra, sino que las partes hacen un todo y entonces pienso que yo que tanto odio el termino mediocridad y resulta que va a ser  ahí justamente donde tal vez resida la verdadera sabiduría, en aceptarse siendo mediocre, en no necesitar ser un crack de nada y enfatizo la palabra aceptar o asimilar como sinónimo de asumir, recalcando que no es para nada lo mismo que resignarse;
Es decir, este verano les regalamos a nuestros hijos por sus cumpleaños un viaje para ir los 4 a hacer surf a la playa Salvaje de Sopelana, o en mi caso, debo reconocer a intentar no morir en el intento. Pues bien, las sensaciones fueron fantásticas. Cabalgar ,lo que se dice cabalgar las olas, no fue, pero si fue sentir la velocidad tumbada en la tabla, notar la sal, el viento, el placer infinito de una libertad absoluta al sentirme empujada por la marea. Vi a aquellos surfistas expertos, los oí hablar, relacionarse y al volver a casa me empapé de “Le llaman Bodhy”, de la Surfhouse de la Barceloneta y de abundantes Surfinfluencers de instagram y constaté claramente que ni a mí ni a mi familia nos va la inmersión total en algo. No tenemos ganas, voluntad o constancia para salir cada fin de semana en busca de las mejores olas o de controlar la meteo para organizarnos la vida y el ocio en función de ella. No nos va. En contraposición soy más de pica flores, un día un poco de surf y al siguiente un poco de sofá, al otro tal vez algo de cine y al siguiente un tanto de pastelitos caseros. Dibujar, patinar, bailar salsa, aprender idiomas, editar videos, hacer álbumes, escribir, mil cosas a la vez. Pero no he encontrado nada que me guste o me apasione tanto en esta vida como para dedicarme a eso en cuerpo y alma en cuestión de ocio, por lo que obviamente con esta actitud mi versión estilo supercrack de lo que sea queda descartada. Y lo cierto es que llevo clasificando esta actitud como negativa durante 40 años pero tal vez  esa actitud sea la habitual en el 95% de las personas humanas aunque yo me ofusque en ver sólo al fantástico 5% restante. Y es que seguramente lo que yo siento como ser especial tal vez no lo sea y no estoy destinada a sentirme (que no a serlo) experta o especial en algo. Como aquella vez por ejemplo que andaba yo misma preguntándome en voz alta qué habría sido yo en alguna vida anterior….; mi marido que me oyó la pregunta contestó a la par que yo, los dos al mismo tiempo, los dos con la misma entonación…la diferencia es que yo me preguntaba si habría sido el descubridor de la Antártida y él se preguntó si yo habría sido una ladilla. Tras mi cabreo inicial, nuestras risas posteriores  y mi siguiente piensa lo que quieras porqué tal vez SI fui el descubridor de la Antártida, me quedé pensando que seguramente tenía razón él. Lo normal  es ser ladilla por lo que sabed pues que por estadística os toca en ese cupo de 95% de normalidad, así que: Hola compañeros ladillas. A John Rymill y su descubrimiento les toca el otro 5% de fantásticos. Si alguno habéis caído en este 5%, hola también amigos fantásticos!
Así que en resumen, todo este rollo es para hacerme entender a mi misma que no hace falta ser súper crack, ni dar la vida por  conseguir una perfección innecesaria. Así que menos disertar, menos querer ser y más simplemente ser, ni mediocre, ni crack, ni blanca con topos negros ni al revés porque sólo con tener topos ya me va a valer. Así que virgencita, virgencita que me quede como estoy y de antojo extra para inaugurar estos 40 sólo deseo, como dice la canción: tener  suerte y que a la mañana siguiente, el espejo  me devuelve el reflejo de una tía valiente y convencerme que no miente. O sea que para afuera telarañas que con eso y algún apaño mental más creo que me va  gustar esto de tener 40 porque es de sobras ya conocido que a día de hoy con 4 décadas eres cuarentañera  y para nada cuarentona.
Leí una vez que la niñez es un estado de consciencia que termina el día en que un muro es percibido como un obstáculo y no como una oportunidad y no sé si es que la vida pasa tan deprisa que a veces el alma no tiene tiempo de envejecer o es que quiero aferrarme a mi personal síndrome de Peter Pan pero yo no me resigno a dejar de ponerle a la vida la misma cara que un niño en una tienda de chuches (aunque ya he aprendido que no puedo comérmelas todas). Por todo esto y más estoy segura que siempre la vida me seguirá sacando a bailar.
Así que aquí estoy: Lista, libre y mirando afuera…!a volar otros 40!


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cristina con B de bombera.

A veces las cosas no son como uno quiere, sabéis de sobra porque lo he repetido hasta la saciedad que estoy muy agradecida de cómo me ha tratado la vida, no puedo quejarme en ningún sentido porque verdaderamente tengo todo lo necesario y más. Pero eso no quita que cuando uno pone mucha ilusión en algo (y yo especialmente, que cuando me ilusiono pongo la vida entera) y no se puede cumplir, pues es un disgusto grande. Para inmortalizar mi hazaña estaba escribiendo una cronología de lo que iba a ser el mayor y mas magnifico cambio laboral y de estilo de vida en mis 39 años de existencia. Este cambio iba a descubrirme la persona que siempre había querido ser en la esfera física, mental, emocional y actitudinal, iba a conseguir un objetivo que ha rondado en mi desde que recuerdo e iba a resultar durísimo a la par que fantástico, no tanto por la consecución final en si sino también por el trayecto, y ya sabéis que a mí los trayectos me apasionan. Este proyecto como valor añadido ha destapado muchas actitudes ajenas que me han hecho darme cuenta de cómo, cuando, porqué y sobretodo de quien y quienes, de quien siempre y quien nunca y de sus caras amables, egoístas, desinteresadas, interesadas, verdaderas, leales, envidiosas e incrédulas. Actitudes que nunca creí ver en otros y que tampoco creí ver en mí; de la misma forma que he visto unas ganas en mí  que ni yo sabía que tenía y que, por desgracia, no han sido suficientes para llegar a quien quiero ser.
Pero para empezar por el principio debo empezar de verdad por el principio.
Día 0 - 23 de noviembre de 1978: Nace Cris hace 39 años. Mi vocación desde que tengo uso de razón es la medicina. Si me dicen que nací con un fonendo bajo el brazo me lo creo.
Día 5475 – 1993, 15 años: Los bomberos me parecen absolutamente valientes. Ya ha llegado a mi vida “El coloso en llamas” y la magnífica “Llamaradas”. ¿Y si yo…? ¿Tal vez podría…..? Con mi cuerpo….NO, imposible. Me encuentro entonces en  plena adolescencia estudiando BUP en el Milà i Fontanals.
Día 6570 - 1996, 18 años: Es el momento de decidir mi futuro. Decido entrar en enfermería.
Día 8030 – 2000,22 años: Frecuency, policías, enfermeras y bomberos. Lo más. ¿Y si al terminar la carrera yo….? ¿Tal vez podría probar…? Con mi cuerpo, mi falta de forma física……NO, imposible. Sigo estudiando mi carrera de enfermería, trabajando de azafata en la Pedrera y en la tienda de ropa ZOE.
Día 8760 -2002, 24 años: Termino la carrera de enfermería y empiezo a trabajar en el equipo de atención primaria Drassanes, en Raval Sud. Durante 3 años todas las mañanas dedico 2 horas a realizar extracciones de sangre en el laboratorio de la primera planta de mi edificio, frente al parque de bomberos de Drassanes. Cada día mirando por la ventana y viendo el ir y venir de los habitantes del parque. Me reafirmo, los bomberos me parecen absolutamente valientes y vocacionales. Como me gustaría… ¿Y si yo…?...con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión,….NO, imposible.
Día 10950 – 2008,30 años: Viaje a NYC. Visitamos la zona cero en las torres gemelas. Justo al lado, un parque de bomberos, una exposición fotográfica conmemorativa. Trabajo bomberil en estado puro, caras, fotografías, almas de bombero al desnudo. En este momento de mi vida he conseguido un interinaje de enfermera en el centro de atención primaria Gòtic, todo bien, todo en orden, voy haciendo con mis ciclos de querer ser enfermera alternados con los de querer cambiar de vida. Esa soy yo, pero como me gustaría…. ¿Y si yo…?... con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión, el fuego,….. NO, imposible.
Día 12775 -2013,35 años: Pierdo mi plaza de interina en atención primaria, un mes en el paro y de nuevo otro interinaje en un sitio nuevo, vida muy cómoda, muy fácil pero no acabo de ser feliz. (Horóscopo del día;  cristinaconh .blogspot.com.es)… ¿Y si…? ¿Tal vez pudiera intentar un cambio de vida…? ¿Y si me decidiera a….? con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión, el fuego, las alturas,……NO, imposible.
Día 13140 – Septiembre de 2014, 36 años: (Más rápido, más alto, más fuerte; cristinaconh.blogspot.com.es) Me reto a mi misma a mejorar físicamente, me voy dando cuenta que mi cuerpo necesita un cambio de actitud.
Día 13750 - Enero 2017,38 años. (Aquí y ahora; www.cristinaconh.blogspot.com.es) Decido darme un respiro mental y vivir tranquila de ideas trastornadoras.
Día 13870 – mayo 2017, 38 años: Me pregunto a mí misma, que desearía hacer en la vida si yo fuera libre……. (Ni más ni menos yo;  www.cristinaconh.blogspot.com.es ) y mi respuesta sigue siendo la misma: preparar las pruebas para bomberos…. ¿Y si realmente yo pudiera….? ¿Y si….? …con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión, el fuego, las alturas, los psicotécnicos,….NO, imposible.
Día 13900 – junio 2017, 38años: Empiezo a ir al gimnasio porque quiero estar flaca para el verano, tener forma humana. Durante el entreno hablo con Sergio, uno de mis entrenadores, bueno Sergio yo estoy aquí para ser flaca pero ¿sabes cuál es mi verdadero sueño desde bien pequeñita? Ser bombera! A lo que Sergio me contesta – “¿y a qué esperas?;….jajajá, qué más quisiera yo, pero con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión, el fuego, las alturas, los psicotécnicos, dos hijos,……NO, imposible.
Y Sergio me mira con cara de no me cuentes rollos y me repite: ¿Y a qué esperas?
BBBBBOOOOOOOMMMMMM!!!!!!! ¿Y si realmente…? Y si yo intentara….?
Busco las convocatorias, me informo, recabo datos, forestales, GEM, GRAE, Gene, BCN….ASBE, asociación de sanitarios bomberos, contacto con Diego de su sede en Zaragoza y me remite a David, bombero sanitario de Barcelona.
Día 13930 - sábado 15 de julio de 2017, 38años. David me manda un mail explicándome un poco como funciona todo y las posibilidades que tengo o podría tener. Me invita a visitarlo en su parque de bomberos, hoy justamente está de guardia y después volverá a estarlo el siguiente miércoles 19 de julio. Vaya, hoy no puedo, estoy de camino para cenar con unos amigos en Bcn. Será pues el miércoles próximo.
Ceno con mis amigos, vamos a un sitio diferente, rompemos nuestra tradición centenaria y en lugar del Cargolet y del Conan vamos a un italiano y otro bar de copas en Floridablanca con no se qué. Estoy con mi mojito y escucho de repente sirenas, mucho ruido y muchas luces y dirijo mi mirada hacia la ventana y me encuentro con un camión de bomberos enfrente de mí. Y salgo a la calle y empiezo a atar cabos…David está de guardia, y esta calle pertenece por zona de actuación a su parque, así que David tiene que ser uno de estos bomberos que están trabajando ahora mismo aquí. Los miro desde lejos para no interferir en su trabajo, veo también a una chica bombera entre ellos, me encanta verlos trabajar. Los que me conocéis no dudareis ni un segundo en saber que, esta fabulosa casualidad de contactar con David, leer su mail, cenar en un sitio diferente y que se presenten los bomberos justo en este momento de mi vida, para mí fue una revelación del destino obviamente.
Día 13934- miércoles 19 julio de 2017, 38 años. Voy al parque. Me recibe David, le cuento mi fantástica casualidad y efectivamente él estaba allí. Me cuenta todo, los pormenores, los pormayores, los problemas, las dudas, los obstáculos…pero también la vocación, la ilusión, el espíritu de sacrificio. No puedo decir más que cosas bonitas sobre este desconocido que tanto y tanto me ha animado y apoyado y lo mejor de todo, es que sigue haciéndolo a día de hoy, de tal manera que no es que pueda definirlo como amigo mío porque no nos conocemos tanto pero si decir que le tengo un cariño especial.
David tiene que marcharse a un servicio y conozco a Luichi, conozco a Alicia, la bombera de la otra noche y a muchos más. Luichi, referente de formación me enseña todo el parque, los vehículos, la cámara de infrarrojos, las herramientas, los uniformes, los cascos, las botellas de aire comprimido… todo, sin excepción. Buen rollismo y amabilidad en estado puro.
Salgo encantada, cómo no! Quiero ser bombera. Pero….  con mi cuerpo, mi falta de forma física, el carnet de camión, el fuego, las alturas, los psicotécnicos, dos hijos, un marido……no sé como lo haré, como me lo organizaré ni en qué año conseguiré estar preparada para presentarme a las pruebas, pero al menos lo voy a intentar. Porque llegados a este punto, en el que voy tardísimo, pasada ya de edad, de circunstancias, de kilos, de miedos  y limitaciones, pasada de todo excepto de ganas, me parece más fracaso no intentarlo, que intentarlo y no conseguirlo.
Día 13964 – Agosto 2017, 38 años: Lo verbalizo a mi familia, reacciones de diversos carices, cara de esta está loca, caras de adelante el mundo es de los valientes, medio ánimos ,medio reproches ,que si desatenderé a mis hijos y a mi casa, que si soy consciente de lo duro que es etc. Algunos se lanzan a apoyarme más rápido que otros y también algunos ven más pegas y obstáculos que otros. Lo que ellos no saben es que los únicos obstáculos que a mí me preocupan son los míos propios, así que sigo adelante.
Tengo dos vías claras para entrar.
La primera que sería la más lógica por la vía de sanitaria. Requisitos imprescindibles: certificar 3 años mínimos de experiencia en un servicio especializado de urgencias y lamentablemente mis guardias en el CUAP no computan. Son urgencias, pero parece ser que la coletilla de atención primaria no mola tanto aunque me vengan IAM, AVC, quemaduras y mil servicios urgentes más. Primera traba. Me pongo a buscar alternativas y llamo a todas las puertas de todos los hospitales que conozco. El resultado de esas llamadas es absolutamente positivo pero a la vez devastador. Siento que estoy muriendo de éxito. Os cuento: en todos los sitios me ofrecieron contratos largos, interinajes incluso, el problema , los horarios y que no me aseguraban que el servicio de inicio fueran urgencias; es decir que pensándolo fríamente pasaría  de un horario de lunes a viernes a 2 min de casa trabajando con facilidad absoluta para la conciliación familiar en el que hago guardias extras de noche y fin de semana en el CUAP para generar dinero y experiencia, a un horario de noches turno malo, pringo todos los fines de semana, es decir, actividades con mi familia borradas de un plumazo. Difícil elección ahora que he llegado hasta aquí. Me siento, lo pienso, lo medito, y decido que no puedo perder la cabeza y lanzarme a una vida tan sacrificada que va a repercutir en toda nuestra logística familiar. Por no mencionar si resulta que me paso los tres años en urgencias, cosa que repito no me aseguran que entre el primer año en ese servicio directamente, para que luego al tribunal de turno le dé por pedir 4 años en lugar de 3. Demasiado cuento de la lechera para mi gusto. Por esta vía dependo de demasiados factores externos que no controlo yo.
Segunda vía, ser bombera de escala básica y de nuevo toda la lista de limitaciones pero esta vez resulta que comparada con la otra opción, estas limitaciones dependen de mi y sólo de mi. Mucho más difícil, más duro, ámbitos que no conozco, pero yo misma como único obstáculo. Me empieza a gustar este camino. Pero aixxx, topamos con algunos firmes detractores en que yo sea bombera  de las de punta de lanza….porque teóricamente lo que yo soy y debo ser es enfermera. Convencer, debatir y discutir con los que me importan para defender mi opción. Muy duro, la verdad. Nunca había tenido que dar tantas explicaciones, me siento como si les estuviera proponiendo una locura del tipo lo dejo todo y me voy de gogó a Ibiza. Tal vez eso lo hubieran entendido o aceptado mejor, quien sabe.
Día 14235 – noviembre 2017, 39 años. Cristinaconh.blogspot.com - Treinta y todos. Cumplo los 39 envuelta en todo este momento de cambio, muy liada pero encantada con el rumbo que está adquiriendo mi vida.
Día 14295 – enero 2018, 39 años: Mi marido me expone que quiere un cambio en su vida y que se ha dejado contagiar por mi entusiasmo. Quiero ser bombero, me dice. Así a bocajarro, sin anestesia ni nada. Para mi resulta un duro golpe que hace que salgan todas mis peores bajezas…que si me has robado mi sueño, que si la bombera de la familia soy yo, que si yo iba antes, etc. pero pasado el shock inicial, pues que voy a hacer sino apoyarle. Y él que normalmente es de los que se lo piensan todas 100 veces, se apunta al carnet de camión, a la academia de bomberos, a los cursos de psicotécnicos y pim pam, se mete de lleno.
Y se mete tan metido que obviamente necesita una logística de apoyo brutal por mi parte, por parte de mis padres, por parte de la canguro y casi diría yo que por parte de nuestros hijos de 5 y 7 años. Como era de esperar todo el mundo le apoya, ánimo que tú puedes, muy buena decisión, sí señor, pues adelante bombero! Y yo, que nunca he creído en la discriminación por género, me siento triste, celosa a rabiar y muy discriminada. Siento un agravio comparativo brutal porque nadie se pregunta si será capaz de subir por la cuerda o si le dará miedo estar en punta de lanza. Nadie le dice a él que va a desatender ni su casa, ni a sus hijos. Claro que no, porque ahí voy a estar yo, para atender y llegar, adonde él por su nuevo proyecto, no pueda llegar. Igual que hubiera sucedido al contrario. Igual, que sucederá cuando él termine con su andadura y sea mi turno de caminar a por ello. Igual, sin duda.
Este proceso lleva a nervios, a cansancio, a intentar encajar un puzle de 10.000 piezas y yo cada vez  siento que me ha pasado delante, me ha relegado a ser su apoyo y yo que era el principal componente de la historia ahora soy un mero espectador de lo que debía ser mi sueño, porque en cierto modo es como si en mi interior hubiera barajado las oportunidades de ambos ,hubiera sopesado la realidad y hubiera decidido que él tiene más capacidades de conseguirlo que yo y por tanto su iniciativa debe pasar en primer lugar. Me siento como si yo misma hubiera hecho una selección natural primitiva. Los fuertes y con posibilidades al principio, los débiles después.
Sé que su intención nunca fue esa pero yo me sentí  así. Cosa que ha provocado broncas, malos entendidos, rabietas  y reproches mutuos. No me enorgullezco de este sentimiento pero como no estoy aquí para venderme a nadie, no puedo hacer otra cosa que plasmar la realidad y la realidad de cómo soy, es esa para lo bueno y para lo malo. Con todo este alegato no estoy diciendo que mi familia y mi marido no me hayan apoyado desde el principio. De hecho yo estaba decidida a hacerlo con o sin su apoyo puesto que es una decisión sobre mi vida laboral y mi vida es mía, pero yo no soy de hacer las cosas a modo unilateral y no me gustaba la idea de llevar todo esto sin su convencimiento de que estaba en el camino correcto. Ellos me apoyaban pero con sus matices y yo quería un apoyo 100%, sin resquemores porque sabía que sólo así podría conseguir lo inconseguible. En ese tramo del camino, la cosa quedó ya muy hablada y entendida y pactamos que cuando él acabara su proceso, iniciaría yo el mío, puesto que mi familia no podía soportar dos procesos de tal envergadura a la vez.
Día 14415- mayo de 2018, 39 años: Mientras espero mi turno y voy estudiando un máster de emergencias al que me he matriculado, me presento a una convocatoria de plazas para el servicio sanitario del GEM, del cuerpo de bomberos Forestales de la Gene. Muy poco tiempo para prepararme pero lo voy a intentar. Proceso corto de un mes, por sorpresa y sin esperarlo lo más mínimo. No me puedo creer que cumpla todos los requisitos. Ahí voy, me lanzo de lleno y las últimas dos semanas mi casa se paraliza de su proceso para ayudar en el mío. Apoyo absoluto por parte de mis padres y de mi marido en lo que se refiere a niños y casa para que todo mi tiempo fuera del trabajo lo pueda dedicar a esta convocatoria.
1º paso: aprobar el examen teórico. Lo apruebo.
2º paso: quedar entre los 30 mejores como requisito para pasar a la siguiente fase. Quedo.
3º paso: prueba física Course Navette, por mi edad, 6 palieres. Pues no llego, en 4 muero. Yo había hecho un pacto muy intimo con mi abuela, le pedí allá donde estuviera que si no estaba previsto que aprobara el físico, me suspendieran el teórico, puesto que no quería pasar por la vergüenza de presentarme a unas pruebas físicas que no era capaz de superar. Lloro un mar, me defraudo y me recompongo. (No pidas la luna; www.cristinaconh.blogspot.com.es)

¿Qué tenia yo que aprender de esa derrota? ¿Qué me estaba indicando mi abuela con ese trato no cumplido? Todavía no lo sé.

El tema es que meterme en este proyecto me ha aportado mucha sabiduría y mucha energía, pero paradójicamente ahora que estoy fuera  me hace sentir un cierto alivio que no sé, como asimilar, supongo que simplemente es cansancio. Junto a ese alivio ha venido también cierta desidia, desanimo, pereza y la confirmación de que mi espíritu de sacrificio no es comparable al de esos hombres y mujeres que consiguen entrar en el cuerpo de bomberos. Yo  estoy fuera, y es lo que hay de momento. Lo que me depare mi futuro, lo tendré que empezar a escribir a partir de este momento, con paso firme y buena letra y que Maktub decida.

A todos mis amigos bomberos, a todos aquellos bomberos que no conozco, a David Ropero, a Luichi, a Edgard, a Alicia, a Josep, a Ricard, a mis profes bomberos del máster, a Víctor Gené.


A Josu, mi marido, sea cual sea el resultado final de tu convocatoria.

Para todos vosotros, mi más profunda admiración.