La otra noche tomando una copa con la Patrulla, coincidimos
con unas amigas de mi cuñado y una de ellas que no nos conocía nos señalo a lo
lejos y proclamó que a mi marido y a mi (que estábamos sentados en una mesa charlando)
se nos veía muy enamorados. A mí me extrañó en verdad porque la versión que
tengo últimamente de nosotros mismos y de nuestra relación dista enormemente de
la definición de enamorados precisamente. Pero me intrigó profundamente. ¿Qué
había visto esa chica que no era capaz de ver yo misma de mi propia relación?
¿Se me está escapando algo? ¿Me he perdido en algún recoveco
del camino, me falta alguna frase del cuento que no consigo hilar del todo el
argumento? Yo después de 15 años de relación no hubiera usado la palabra enamorados
para definirnos. Y es una pena porque en verdad ese término debería ser el inicio y la trama de cualquier
relación sentimental de cierta antigüedad, no? Pero es que a mí, a pesar de lo
soñadora y devoradora de comedias románticas
que soy, ya no me cuadra que el amor sea el motor de todas las cosas. Y me
gustaría, me ilusionaría pensar en una
vida el uno para el otro, en la que él me da todo lo que necesito en una pareja
y viceversa. Envejecer juntos de la mano sintiendo que ha sido el amor de mi vida. Tal
vez los años o la cotidianidad, las prisas o el dejar de creer en unicornios
alados me ha hecho replantearme mi ideal
de amor incondicional. Buscar un diez, sin serlo yo misma y sabiendo que los 10
no existen. ¿Alguien habrá que nos considere un diez? Pues parece que si puesto
que últimamente a mi marido le salen fans hasta debajo de las piedras. Antiguas
amigas, compañeras de trabajo, la vecina del 5º, las mamás del cole,….. Mujeres
a priori atrayentes y que se interesan
por él y me dicen lo guapo y simpático que es. Lo bien que trabaja y las dotes
de liderazgo que tiene. Me hablan de lo buen padre que es y de la suerte que
tengo. Un diamante vaya. Y parece ser que yo, sin enterarme.
Y yo me pregunto ¿por qué los de fuera son capaces de ver lo
que no se ve desde dentro? Y añadiría
¿acaso verán también todo lo que hay dentro pero que no se percibe desde fuera?
Él podría quejarse de multitud de cosas mías, pero como mi
blog lo escribo yo, empezaré primero. Así que podría quejarme de que él no me
da el cuento de hadas que yo veo en las pelis y cuando vamos a Menorca en barco
no me abraza en cubierta o cuando vemos ponerse el sol y pedimos un deseo sus
ojos no me miran de reojo para sincronizar un anhelo común. Podría disgustarme
porque no se curra mis regalos de cumpleaños como antes (entiendo que puso el
listón muy alto el primer año con unos patines de hielo o en nuestro 4º
aniversario de novios con un viaje sorpresa a Mallorca…pero de eso a un libro
de cocina o a nada en la última ocasión, sin comentarios).
Podría odiarlo cuando le pido que me susurre algo con amor y
me dice amorfa o cuando cada vez que
subo al coche se olvida de abrir el seguro de mi puerta y tengo que repicar en
la ventanilla para que me abra. Podría enfadarme también porque no conoce el significado práctico de la palabra
complicidad y porque cuando le pregunto si llevo bien el pelo me dice que si
sin levantar la vista de lo que está haciendo. Podría repatearme enormemente
que su sentido del peligro difiera tanto del mío que me haga parecer una
histérica cobarde y podría enfurecerme tener que darle la razón al comprobar
que las escenas de las pelis nunca salen igual en la vida real, léase sexo en
la ducha, paseo en descapotable o lágrimas de San Lorenzo desde el frontón. Podría
enervarme por no poder compartir ciertos
aspectos de mi mentalidad/intimidad con él porque lo que yo veo factible él lo
ve insalvable y nuestro sentido de la pertenencia y de la expresión sentimental
es como el chino y el croata. Y podría indignarme muchísimo por no poder compartir
una bachata pegaditos o no conseguir abstraerlo en medio de una multitud, en
cualquier lugar, para estar los dos el uno con el otro como si estuviéramos
solos. Podría contrariarme por ser capaz de leer en sus ojos cuanto valora desorbitadamente
ciertas cualidades en otras personas (entiéndase mujeres) y en cambio no ser
capaz de reconocerlas en mi. Y podría seguir largo y tendido, una lista sin fin
que seguro iría creciendo con cada año de convivencia.
¿Pero sabéis que? he decidido no quejarme por nada de eso y
centrarme en buscar qué es lo que vio aquella chica en el bar para llamarnos
enamorados. Y no me ha costado demasiado emocionarme cuando sabe lo que pienso sin
decirle nada, cuando me sorprende con un donut un día cualquiera o cuando le convenzo
sin tener que persuadirle para apuntarme a la convocatoria de bomberos y encima
me da esperanzas de poder conseguirlo.
Cuando me regala la cereza que ha caído en su trozo de
tarta, me comparte un post que sabe me va a interesar o se acuerda de mi al
escuchar una canción de la que después no recuerda el titulo. Cuando desde lejos
ya sabe que lo que estoy haciendo no me gusta, cuando me compara con la Jane
del Tarzán de Walt Disney, cuando veo el magnífico equipo que hacemos los 4 o cuando
seguimos compartiendo los mismos proyectos y sobre todo cuando a pesar de su torpeza para
verbalizar sentimientos, me dice contundente y sin pestañear que no tiene
ningún interés en cambiar a otra vida sin mí.
Cuando consigue asombrarme resolviendo en un instante un
rompecabezas logístico que a mí me ha tenido obcecada durante una hora y como con
qué claridad discierne el bien del mal y su fascinante nulo sentido de la
venganza y del rencor. Adoro la capacidad que tiene para ver la bondad en todo
el mundo, obviar las malas intenciones, buscar
siempre el lado positivo de las cosas o
si no lo tienen, como acepta esas circunstancias sin rechistar (aunque esto
último yo lo pondría también en la
columna de lo malo). Me encanta como se encienden sus ojos azules al mirarlos
en la playa y lo tremendamente guapo que está con sombrero o vestido con ropa
de montaña, lo que me impone montado en la moto, ese huequillo de su clavícula
y su labio inferior apeteciblemente mordible. Lo de padre ejemplar no voy ni a
mencionarlo porqué la puntuación se saldría de los límites, al igual que su
buena voluntad para ayudar siempre a todo el mundo sin darle la más mínima pereza. También podría alabar su predisposición para
seguirme en todas mis locuras artísticas de carnaval, bricolaje o edición de
videos. Pero en definitiva, creo que tal vez la cualidad que más debería
valorar en él sea simplemente estar. Estar ahí siempre, hasta cuando parece que
no esté o cuando todo me indica que no quiere estar, incluso cuando yo no
quiero que esté; pero SI está y a pesar de ser como un ogrillo refunfuñón a
veces, me reconforta que aunque sea sólo muy de vez en cuando logre hacerme
sentir, todavía y para siempre, su chinita. Eso tal vez no sea complicidad o no
sea de película en su sentido más literal, quizás tampoco sea puro amor, pero
sabed una cosa, si no lo es, os aseguro que se le parece.
Sabes Qué????
ResponderEliminarQue ma´legro.